lunes, 17 de mayo de 2010

Acerca de “El Furo”, de Emilio Saad - Parte 1

-¿Podrías resumirme en unas pocas líneas el argumento de “El Furo”?

-En 1880, Juán José Herrauri y su hermana Agostina, descubren un texto escrito por Julián, el padre de los dos, que ya ha muerto. En el manuscrito se da otra versión (insólita, secreta e inquietante) de los sucesos de Mayo. Julián, que fuera contemporáneo de esos sucesos, asegura que el régimen realista, de escaso poder militar, contaba con un arma secreta para destruir la Revolución. Ese arma secreta era "El Furo", un monstruoso reptil escondido en los túneles de Buenos Aires. Y tal monstruo, inmenso y aterrador, sería lanzado, en el momento oportuno contra los criollos que exigían un cambio de gobierno. Aparentemente El Furo era tan destructor como imposible de detener. Julián, único conocedor de la noticia, conoce también a la "guardiana" del monstruo: una gitana italiana de ascendente español e indígena. Es ella quien le dirá que El Furo es un Dios indígena convocado, cuatro siglos atrás, por una tribu caribeña, para que los defendiera de los conquistadores. Pero el Dios que llegó, era un recién nacido. No estaba en condiciones de defender a nadie, todavía. Y pequeño como era, sería llevado a Europa por una princesa india, de quien un conquistador español se había enamorado. Allí El Furo creció, a través de los siglos, escondido y secreto, entre los descendientes de la princesa y el español. Hoy los últimos integrantes de la familia son la gitana y su tío. Y este tío, le ha ofrecido el Dios a la Junta de Sevilla, a cambio de dinero. Tras una prueba de rigor, la Junta aceptó y lo envió a América con Cisneros, informada de la difícil situación que éste debería afrontar entre los criollos de Buenos Aires. Supuestamente -y reptil como es- El Furo llegó a América enroscado en una enorme caja. A partir de allí, Julián, que es un ferviente revolucionario, intentará convencer a la chica para que desoiga las órdenes del régimen y no utilice a El Furo contra los criollos. Toda esta peripecia está cruzada por una anécdota sentimental y por las relaciones de los protagonistas con sus familiares y amigos. En tanto la ciudad vive un enrarecido clima político en el cual todos los criollos quieren la destitución del virrey, pero pueden -internamente- también estar enfrentados entre ellos. Finalmente la visión americanista de un Belgrano o un Castelli y, sobre todo, la revelación de El Furo como Dios de América volcarán los acontecimientos a favor de los revolucionarios. Y El Furo, al salir de las catacumbas, se convertirá en un ser brillante y magnífico. Tal como pudo ser el destino de los pueblos indígenas -como aquel que lo convocara- sino hubieran sido condenados a la servidumbre o a hundirse en el oscuro trabajo de las minas. Y así, deslumbrante, El Furo se alejará flotando sobre las aguas del Río de la Plata llevando a la gitana sobre su lomo. Esto, que sólo Julián podrá ver, ocurrirá exactamente durante la tarde del 25 de Mayo de 1810, después de que fuera proclamada nuestra Primera Junta de Gobierno.

-¿Cómo fue pensar, desde la escritura, un libro basado en el 25 de mayo de 1810?

-Mi primera intención no fue contar -a través de una ficción- cómo ocurrió la Revolución de Mayo; sino, al revés, quise contar desde una ficción que esa Revolución "pudo no ocurrir". Porque -en la propia realidad histórica- estuvo a punto de naufragar. Pensemos, no más, en aquella espuria componenda del 24 de mayo, con Cisneros que pasaba de virrey a presidente de una "junta" que, indudablemente, sería puesta a las órdenés de la Junta de Cádiz. Y peor aún: pensemos en esas dramáticas "Juntas" que nunca ocurrieron, como la de Chuquisaca, que fue sangrientamente reprimida. Eso me planteé cuando pensé "El Furo", cuando pensé en un monstruo como arma secreta del régimen. Toda contrarrevolución es siempre monstruosa; y basta pensar en el suplicio de Tupac Amarú. O en los masacrados de Chuquisaca y La Paz que menciona nuestro himno. Es decir, toda contrarrevolución es furiosa, es furibunda, es El Furo.

-Pregunto esto teniendo en cuenta que vos trabajás mucho con la historia argentina.

-Es verdad, trabajo con la historia argentina, pero no sólo con ella. Y cada vez que toco un tema histórico me aparece una anécdota fantástica, sobrenatural, a veces terrorífica. Es decir, algo que haga símbolo y metáfora de lo que quiero contar. Porque supongo que la historia de un país, de cualquiera, puede ser heroica, sublime y, lamentablemente, también puede ser un cuento de terror. Y si es posible, claro, yo trato de contar todo eso junto en una fábula.

-¿Qué importancia tiene el 25 de Mayo de 1810 en los vaivenes de nuestra historia como patria?

-Desde ya es un comienzo, un nuevo punto de partida. Pero en realidad es la culminación de muchos años, de muchos hechos, de muchas aspiraciones previas. En lo personal creo que los ideales de Mayo siguen vigentes. Algunos gobiernos se acercaron más que otros a ellos. Pero aún considerando todo lo que pasó en estos doscientos años, todavía seguimos en deuda con Mayo.