martes, 19 de agosto de 2008

Dibujos de Diego Molina


Mi primo se metió con la Casa Usher del Gran Poe...





jueves, 7 de agosto de 2008

Entrevista a Leonardo Oyola

¿Cómo podrías resumir "Santería"? ¿Es cierto que es la primera parte de una saga de cuatro novelas cortas? ¿Cómo es laburar con Juan en Negro Absoluto?

En efecto la saga de la Víbora Blanca van a ser cuatro libros que va a editar Negro Absoluto, del que ya se encuentra publicado el primero, Santería. Sí, son novelas cortas de no más de doscientas páginas y la idea es aportarle al policial negro el argot de la calle, el de los pibes, además del misticismo de nuestros santos criollos. Mi ambición es terminar creando una especie de otro far west, apostando cada vez más a los duelos finales en sus desenlaces. Y laburar con Sasturain es un privilegio. Se aprende mucho de él. Y lo mejor son esas ganas y esa fuerza tan contagiosa que te trasmite Juan para jugarte en lo que sea que estás craneando. Le metemos mucho laburo, sí. Pero también la pasamos muy bien, nos divertimos bastante.

Vos siempre trabajás con la marginalidad, la violencia…

La violencia, como la maldad, es algo que todos tenemos latente. Lamentablemente es moneda corriente en la marginalidad. O por lo menos más visible. Yo, en mis textos, coqueteo constantemente con otros géneros. Me gusta mucho lo fantástico y el humor. Pero en lo que no transo es en mis temores: los fantasmas y monstruos no me asustan. Un tipo con un arma cargada, sí.

¿Qué sensación te dio ganar el Premio Hammett en la Semana Negra?

Todavía sigo en curda de tantas emociones. El Hammett básicamente es un aliento enorme a seguir laburando en lo mío, a bancar pase lo que pase esta apuesta. Una vez dijeron que más que escribir policiales yo hago westerns -locro western-. Esa me cabe mucho, ¿sabés? Por eso el reconocimiento que me dieron en la Semana Negra de Gijón -donde se abandera el mestizaje del género- me obliga a morir con las botas puestas.

“Siete y el Tigre Harapiento” recibió muy buenas críticas desde todos lados. Incluso fue catalogada de “soberbia”. Desde tu humilde parecer, ¿por qué crees que fue así?

Me gusta mucho pensar o considerarme antes que escritor, narrador. "Siete..." tiene todo la fuerza y a la vez ingenuidad de una primera novela. Se le nota. Pero el ancho de espada creo que fue haber respetado el género para contar lisa y llanamente una historia. Entretener, sí. Y de paso ver si podía robar también algunas emociones. Parece que salió. Primero a mí me tiene que generar algo lo que escribo. Después algunos lectores lo sentirán o no. De ahí que yo crea e impulse al género, el contar historias. Que no todo se agote en lo autobiográfico. Volver si querés a lo lúdico, al juego sin que esto signifique una mala palabra. Estoy orgulloso de escribir policiales y me hincha bastante las pelotas que se lo considere como literatura menor.

¿A que atribuís que la mayor parte de la nueva generación narrativa argentina caiga en el blog?

El tema creo que pasa por la ansiedad y por la inmediatez de respuestas que genera el postear. Cuando uno escribe existe una urgencia a saciar que es la necesidad de saber que opinan los demás de nuestros textos, eso no se puede negar. Me parece un error subir a blogs el work in progress de lo que uno está laburando. Que para difundir el trabajo de uno hay otros medios más acordes. En un espacio como el blog no hay una verdad sobre lo que escribimos y sobre el rumbo de nuestras escrituras. El blog en ese aspecto, para mi, es solo un placebo. Es algo que resta. Somos narradores, no bloggers. Hay una diferencia. Tengo un blog para difundir básicamente lo que hago y ciclos y libros que me interesan de otros colegas. No admito comentarios. No posteo en el sentido clásico que le dan los bloggers locales. De hecho, si tuviera la plata, la tecnología y el conocimiento para subir una página web, creo que estaría más conforme con un dominio punto com.

¿Qué podrías decir de "Hacé que la noche venga", de próxima publicación?

"Hacé que la noche venga" sale en septiembre. Cuento la historia de cuatro tipos que en el invierno del 39, bajan a la estación de Canning en el subte D para buscar y enfrentarse con lo que está matando obreros y cirujas durante las madrugadas. Unos dicen que es el mismísimo demonio. Otros que se trata de un mensaje mafioso. Es mi homenaje a la Kiss Army y a Clint Eastwood.

domingo, 3 de agosto de 2008

Otros Poemas Encontrados

“Pero los microscopios son prudentes en una emergencia”
Emily Dickinson

Soy el hombre...

Soy el hombre
de las cosas
negadas
tengo en cada uno
de mis siete escritorios
una vela.

Bienvenido

Llego y festejo
veredas en tus ojos
guardo tu sangre
buscando en el ropero

brújula sola
repisas en el tiempo

nada más fácil
nada más perro

Constelación

sol de metal viajará
luz augural cobijó
siempre arderá con fruición
siempre será Paraná

un autito recorrió
todo el sedal de neón
siempre será de verdad
siempre será de ficción

Mujer

Una mujer rubia
de mediana estatura
sale del baño

huele su perfume a Edén

siempre jamás clamaría a voces
que me pensara

llevo en el índice su aroma
y en los pies
sus medias.

Sol

cuántas veces habrá sucedido
esta mañana
radiante vientre de Rah
con el Universo como toda cosa
allá por encima

viernes, 1 de agosto de 2008

Re-versos

Encontré estos poemas en un viejo backup.
Datan -algunos- de la década anterior.
Otros, de años apenas recién pasados...

Cristiana desnuda

Cristiana dormida,
precisa ceniza del nombre que te ama;

seguro arrullo
el río recorre;

planta, pez,
orgullo cualquiera

el río que corre;
princesa desnuda del nombre que llama.

diatriba

todo puedo verlo
delicado,
pétalo rosa,
pedestal de bronce,
ambiente.

Agua

efluvio transparente
víctima de mi desarrollo
placer
dame vida.
Saber.

Despierto

Me quedo
despierto
solo para fumar
porque fumar
es mucho
menos
que
estar
des
pier
to.

domingo, 27 de julio de 2008

PELIGRO DE GOL


Sucede que vivimos en una sociedad; no somos seres aislados, ermitaños, lúmpenes de nuestra propia soledad. O sí lo somos, pero, además, vivimos en una sociedad. Por ende, hay ciertas reglas que debemos cumplir, en base a nuestros derechos y, muchas veces, en contra de nuestras obligaciones. Pero que debemos cumplir, al fin y al cabo.

Sucede también que tenemos sueños, deseos, ansias. Nuestros sueños son personales; únicos, por el solo motivo de que son nuestros. Pero en ocasiones, también, nuestros sueños, que son únicos porque son nuestros, necesitan de los otros para cumplirse, para realizarse, para llevarse a cabo. En definitiva: para hacerse "realidad".

Es ahí cuando la cosa se pone pegajosa: ya no necesitamos sólo de nuestra propia capacidad (que, como decía un personaje televisivo, suele fallar) sino que es menester que los demás se hagan carne de nuestros anhelos. No tanto como si fuera de ellos; suficiente con que cumplan con su parte. Y luego, como un efecto bumerang, somos nosotros mismos los que debemos estar a la altura de nuestros propios intereses: subir los actos a la talla de los hechos. O, en el peor de los casos, cabeza gacha, ristre en mano, bajar los hechos a la altura de los dichos.

Estas son sólo ideas descocidas, ciertas pero vagas. Nos pasa todo el tiempo; cada día de todos los días de nuestras vidas. Y ahí estamos nosotros, y seguimos.

Lo único que no tienen solución, ya se sabe, son el gol, y la muerte.

domingo, 20 de julio de 2008

Los jóvenes narradores escriben sobre los '90

Por Hernán Carbonel . Para La Gaceta de Tucumán.


A veces de manera política, casi siempre literariamente, la historia dice que toda nueva generación busca el parricidio: autodesheredarse de las influencias de aquellos que los precedieron, o tomar algunas partes y mixturarlas de manera tal que las marcas se vuelvan borrosas, imprecisas. Aplicar, en todo caso, ipso facto, la noción de recambio.

Algo de eso sucede con la antología Uno a uno: los mejores narradores de la nueva generación escriben sobre los ‘90 (Reservoir Books, Sudamericana, 2008), un libro con un buen diseño de tapa pop y selección y prólogo a cargo de Diego Grillo Trubba.

El libro abarca “una década larga” que va desde la caída del alfonsinismo y entrada de Carlos Menem, en 1989, hasta la caída de De La Rúa y el derrumbe del modelo neoliberal y la paridad cambiaria en 2001. En medio, el desmantelamiento del Estado, la impunidad, la farandulización, los viajes al exterior y los consabidos etcéteras.

Uno a uno es un libro escrito por jóvenes que eran más jóvenes aún en los ‘90. Nacidos la mayoría en los violentos ‘70 (1983 los más tiernos, 1969 el más veterano) y con una adolescencia cruzada por el menemismo, muchos de estos autores empezaron a escribir en plena crisis de 2001; muchos llevan publicada una, dos o más novelas (sobre todo en pequeñas editoriales o autogestionados) y los encuentran varios puntos en común: colaboraciones en revistas y suplementos culturales, literarios, musicales o de crónicas; muchos de ellos son cuentistas, editores, traductores o bloggers.

Pero, ¿hay ya una identidad narrativa en ellos como generación? Dice Diego Grillo Trubba al respecto:

- Definitivamente, no es un grupo conformado y estable. Al tratarse de escritores nuevos, los nombres se multiplican. Lo más probable es que la cantidad de gente se vaya reduciendo y ampliando con el correr del tiempo. Sólo el tiempo dirá quiénes continúan escribiendo y quiénes continúan siendo leídos. Por ahora, son “promesas que asoman”.

La antología parece estar de moda para esta generación. Varios de los autores han participado ya en otras selecciones de este tipo: En celo (con el sexo como temática), In fraganti (de casos policiales) y Buenos Aires / Escala 1:1 (la metrópoli como eje). Para Grillo Trubba, el de las antologías es “un fenómeno extraño”.

- Podría decirse que son un submercado dentro del campo de la narrativa de ficción. Está comprobado -por lo menos eso dicen los editores- que el libro de cuentos de un autor no funciona comercialmente, y sin embargo las antologías temáticas sí. En ambos casos se trata de cuentos, con la diferencia que en las antologías, al peso de la firma, se agrega un núcleo temático por lo general convocante. Quizás, arriesgo, sea que el lector promedio argentino ya no se guíe por las firmas sino por lo que se escribe o los temas que se tratan. Quizás, también, existe la posibilidad de que la gente de marketing de las editoriales aún no haya aprendido a comercializar obras de un autor y sí temáticas. Pero, claro, son hipótesis.

Los criterios de selección que utiliza el editor en estos casos tiene, según Grillo Trubba, dos momentos: “Primero, relevar quiénes están escribiendo, quiénes surgen, qué escriben, cómo lo hacen. En el segundo, cuando ya se sabe sobre qué va a tratar la antología, armar un listado potencial de autores tomando en cuenta algunos factores: que sea similar la cantidad de escritores y escritoras; que haya pluralidad de estilos; que haya nombres ‘más consagrados’ y otros menos. Que sean nuevos y buenos”.

Para Uno a uno, se le envió a cada autor un listado de sesenta ítems, con hechos acontecidos durante la década, y a su vez cada uno eligió o propuso uno que no estuviera en carpeta.

Entonces: ¿qué temas se encierran en esos hechos? La desocupación, la corrupción, la frivolidad, la fugacidad, la humillación, el eterno volver a empezar tan argentino después de cada cíclica crisis. Abordados, en general, con un humor cáustico, corrosivo, y mayormente desde la primera persona del singular, como un modo de recuperar aquellos años desde la experiencia.

Leonardo Oyola, por ejemplo, recorre la márgenes lingüísticos, los de la cultura popular, la farandulización y los decretos duhaldistas. Maximiliano Tomas habla, sin nombres propios, del caso Yabrán. Lucía Puenzo, de secuestros virtuales, vaciamientos de empresas, chimentos en televisión y chicos felices que tienen tristeza.

Ariel Magnus, de la identidad, las funciones padre-hijo, de gente sin trabajo rendidos ante el neoliberalismo. Hernán Casciari, en lo más profundo de una crisis personal alentada por el doping mundial de Maradona, emprende un viaje iniciático (anterior al que lo lleve definitivamente a vivir en Barcelona) y conoce en Córdoba a su escritor favorito.

Mariana Enriquez se mete con el Riachuelo, ese monstruo dormido, la marginalidad que lo rodea y las promesas políticas nunca consumadas. Diego Máteryn, en un gran acierto de la imaginación, organiza un pollódromo en el patio de un parripollo. Pablo Toledo se mete en lo más hondo de la debacle de una pareja que se sepulta económicamente con un “Todo por dos pesos”, mientras sobrevive en la mentira, viaja a Miami, paga en cuotas y apela al “deme dos”.

Sonia Budassi hace sus primeras experiencias laborales: una forma de la precarización llamada pasantía. Washington Cucurto pasa penurias financieras, amorosas y espirituales en una Berlín lejana y bella donde conoce a Luciano Perezlindo, el agente literario de las grandes estrellas literarias de Latinoamérica: un verdadero delirio, una inmensa fantochada.

Cecilia Boullosa describe a una fanática del cuerpo y la ropa, los boliches de onda, el sexo, los Guns’n Roses. Ana Cecchi habla de un gurú. Joaquín Linne no sabe si chatear o comprarse un perro. Nicolás Mavrakis viaja a Punta del Este y Sebastián Daniell juega al paddle.

Una gran idea la de esta antología, editada a modo de fogueo y oportunidad para nuevos autores, escrita para no perder no ya la memoria lejana, sino la reciente, y para lectores de un país que, eternamente, parece estar a punto de morirse púber, nunca hacerse grande, siempre propenso a mirar de costado a las nuevas generaciones.