lunes, 7 de abril de 2008

MORETTI DE VIAJE (2ª PARTE)


Canciones

Manuel no dejará de mirar por la ventana hasta bien entrada la charla. Uno de los motivos que traen sus ojos hasta la mesa es la pregunta acerca de la canción Oscar De La Hoya, primer corte en versión demo que está sonando en las radios (3), como adelanto del tercer disco de la banda que aun no tiene empresa distribuidora.

- En una época estaba saliendo con una chica a la que le gustaba mucho el boxeo, y a los dos nos encantaba De La Hoya. Y nada - dice Manuel con una pequeña sonrisa en la boca -, un día salió un riff, así. Una de las pocas cosas que me gusta los sábados a la noche, cuando hay buenas peleas, es estar reunido con amigos, tomando tragos y mirar alguna que otra pelea. De La Hoya tenía una manifestación casi artística de boxear.

Después dice que su música podría no ser lo que parece; que muchas letras son complicadas aunque parezcan sencillas, y que eso es algo que no puede decir él mismo. Que hay un reconocimiento popular de cómo escribe. Y no precisamente porque escriba de manera sencilla.

Público y más canciones

- Después de la disolución de los Peligrosos Gorriones, ¿Estelares vino a convertirse en la banda más popular de La Plata?

- Nosotros estuvimos siempre igual convocando gente. Quiero decir, siempre estuvimos entre 200 o 300 personas. De todas formas, creo que hay grupos que convocan más gente que nosotros. Los Guasones, por ejemplo.

- Me refiero al estilo...

- Lo que puede ser es que tanto Gorriones como Estelares fueron las dos bandas de edición nacional con contratos para sellos, (4) y que a partir de eso se haya creado un reconocimiento. Pero creo que el reconocimiento en sí vino de una parte especializada de la prensa, y después del público.

Dice que las canciones que le pertenecen y más le gustan de los dos primeros discos son Extraño lugar, Pelotita de ping pong y Febrero; y La ruta se ha roto y Rodeos del segundo. (5)

- Yo no soy ornamentalista. En un momento sentí que lo que más me gustaba de la canción era como un colchón, el beat básico del pop más la armonía con arreglos sutiles, y después las voces. Hay toda una estructura en este tipo de canciones. Tenés que sondearlo.

En Extraño lugar, justamente, esas bases pop se entremezclan con ritmos de vals, acordes tangueros, siempre movimientos melancólicos de la voz.

- Por mucho tiempo dijeron que las canciones de Estelares eran de amor, y ya no decía nada, hasta que hace un tiempo alguien me dijo “Manu, las de Estelares son canciones de desamor, son todas canciones de desamor”. Y a eso yo lo sabía desde que escribí la primer canción.

Músicos

De entre los tangos, rescata Naranjo en flor o Gricel. El tipo que más hondo le cala, dice, el único que le hace sentir felizmente argentino, es Charly García, con sus frases “que me rompen el alma”.

Tiene alguna propuesta dando vueltas para una carrera de solista, pero Manuel prefiere seguir planeando las canciones del tercer disco de Estelares. Graba mucho, solo, en su portaestudio, en la cual ha hecho casi sesenta canciones aun no editadas. (6) Escucha Tom Petty, John Lennon de solista, Elvis Costelo, Radiohead, Blur, Telonyus Monk, Peter Hammil. Canta un pedacito de Love song, de Hammill.

- Es una canción totalmente lírica. Como esa frase de Calamaro, en una canción muy sencilla como es No tengo tiempo, de Nadie sale vivo de aquí, que dice: “Soy un extranjero en mi propia casa y eso no tiene perdón”.

“Di mi número de casa a todos menos a la traición”, vendrá a decir otra de las canciones.

Esta es de Manuel Moretti.



(1) Siete años después colgó, en una página web, varios discos inédito solista suyos, entre ellos uno llamado El mundo al revés.
(2) Fueron ocho, no diez.
(3) En esa época, con amigos hacíamos un programa en Radio Universidad. La versión que pasábamos es que, años después, colgaron en esa página web. La que salió en Ardimos tiene otra producción.
(4) Manuel se refiere a las bandas de su generación, ajeno a los ya citados por él mismo Virus y Redondos.
(5) Los dos primeros discos de los Estelares fueron grabados en Del Cielito y distribuidos por DBN, y después por Del Cielito-BMG. Entonces cancelaron contrato para poder negociar el tercer disco con otra empresa; “con la que venga”, por aquellos años.
(6) Idem 1 y 2.



MORETTI DE VIAJE (1ª PARTE)

“El vacío forma parte de mí”

(Entrevista hecha en 2000, cuando Estelares todavía no comercializaban Ardimos)


El tipo de la mesa de al lado

El tipo que se sienta en una mesa y pide un café cortado tiene 34 años, nació en Junín, provincia de Buenos Aires, residió unos años en Capital Federal y vive ahora en La Plata. Tiene una muy buena relación con sus padres, “personas sumamente inteligentes y afectivas” de los que se considera amigo. Utiliza expresiones como “sensación de desierto”, “tristeza congénita” u “horizonte diáfano”. Habla mucho de sus ex mujeres; quizás por eso escribe y compone canciones de amor (“de desamor, Manu, de desamor”).

Suele decir cosas como “Ya no me verás caer / si me acostumbré a esta vida / vi la ruta del invierno y el frío de abril / y conseguí un piano, un abrigo y un souvenir. / Cultivé tantas rosas / que alguna me tuvo que herir” en canciones como Frescos como uvas, que, junto a Extraño lugar, hablan de la huida, muchas veces el motivo de un viaje. O “Suena el timbre otra vez / quién será esta vez / voy a la puerta y desahuciado / su fantasma vuelvo a ver (...) Y si eso es lo que te pasa / yo ya me mudé de casa”. Algo que tiene que ver con Calamaro.

Licuados Corazones fue su primera banda. Trabajó en un bar, que se llamaba El Taller, al que iban algunos Virus y gente que conocía a los Virus, y algunos Redondos y gente que conocía a los Redondos.

El tipo que se sienta en una mesa y toma un café cortado con tres sobres de azúcar se llama Manuel Moretti, y es conocido, más que nada, por ser cantante y compositor de Estelares.

Cine, TV, Letras

Dice que le gusta mucho el cine clásico de Hollywood, directores como Casavette, De Palma, Minelli, Coppola, Scorsese. Habla mucho de ellos, amándolos con las palabras.

- Me gusta leer también, pero son como épocas. Aunque, últimamente, estoy más teleadicto. A veces para colgarme. El año pasado escribí una canción: “Estoy adicto a la televisión / estoy adicto a nada que hacer / sólo mirar el techo y esperar / y ver el mundo al revés”. (1)

Dice que no le interesa la política ni la economía, que todo suele ser un comecoco. Que suele renegarse mucho con el mundo.

- A veces es fatal, es triste. Los asesinos están digitando nuestros días. La muerte está institucionalizada. Un continente entero se muere de hambre. Y nos parece que así es normal.

Invita un cigarrillo. Toma el café. Pide un vaso de agua.

- El tiempo actual me gusta mucho más que el anterior - continúa Moretti -. Y además me siento más vivo, sano y a salvo; como más joven. Dentro de diez años me imagino tocando el piano y grabando en mi estudio. Y dentro de veinte, me veo escribiendo libros. O por ahí un poco antes. Yo creo que antes. (2)

Mientras habla su vista hace vaivenes entre el interior del bar y la ventana que da a Calle 1. Un par de ojos marrones se esconden tras unos anteojos de grueso marco negro, recóndito tras los cabellos que caen ondulados.

- A esta altura el camino es agradablemente largo. La sensación que tengo es esa. Los encuentros reales son bastante difíciles. Todo es un gran desierto. Vas caminando y decís “tengo fiebre, tengo fiebre”. El viento sopla para que todo se rompa en estos lugares. Yo a todo eso no lo veo como metafísica. Lo siento como caminos que te tocan curtir, y a veces... a veces suenan sirenas. Y un día, después de ese viaje, te levantás una mañana y ves el horizonte diáfano, el amanecer rojizo, y decís: “Es increíble, mirá el resultado que dio”.

Un mundo interestelar

Ante la pregunta, Manuel cuenta que empezó a hacer terapia psicoanalítica por una historia de amor. Y porque venía “de planear mucho, de andar en un viaje lisérgico, de consumir cualquier cantidad de cosas”.

- Venía de Venus, de Júpiter, Alaska. Estuvo bueno meterme en terapia. Al principio fue gracioso, porque no creía nada, fue como que estuve un tiempo en duda.

Al escucharlo, uno parece estar leyendo El Perseguidor de Cortázar, apenas un Charlie Parker menos corroído, menos desconcertado.

- Yo siento que ya fui el más malo, y que no puedo volver a serlo porque no me sale, aunque a veces tenga ganas de saltar al vacío. Pero tengo la sensación de que el vacío forma parte de mí. Ya no puedo volver a saltar, no porque me dé miedo, sino porque ya está, porque lo llevo adentro. Al igual que la dicha.

Entre los viajes por el espacio sideral de Júpiter y Venus y esa mezcla de panorama con alucinación de los escritores de los que habla Moretti, parece verse justificado el nombre de la banda.
- Los escritores que me encantan son lo que, en algún momento, siento que la cosmovisión que están narrando me cierra. Un libro que leí, El corazón de las tinieblas, de Conrad, hay partes que me parecieron increíbles: nadie conoce el autentico corazón de las tinieblas, y yo que volví de allá. ¿Alguien conoce la nada total, el silencio de la nada?

domingo, 6 de abril de 2008

HAY DÍAS SOSPECHOSAMENTE LIGHT...

Diario de un onanista

08.15. Me despierto. Estoy empijadísimo.
08.30. Me lavo los dientes. La miro con cariño. Se me va el puño. Pero me las aguanto.
08.35. Me visto y tomo unos mates. Se me revienta el pantalón.
08.55. Termino de desayunar. No aguanto más. Me la casco. Con esta y las dos de anoche, estoy hecho.
09.30. Llego al laburo. Me miran con una mezcla de lástima y espanto. Mi jefa me dice: “no podés laburar en ese estado. Andá a tu casa, tomate el día”.
09.55. Vuelvo a casa. En el camino me caí de la bici. ¿Será la debilidad o la mugre que hay en la calle?
10.20. Me la casco de nuevo y me acuesto a dormir. ¿Qué otra cosa puedo hacer?
12.10. Me levanto. Tomo unos mates. Aún no sé: el baño otra vez, o la cama. Mejor las dos cosas, en ese orden.

martes, 1 de abril de 2008

La doblada (versión 08)


LA APLANADORA DEL DARK

(Dedicado a Petinatto)

Situación: Luz naranja sutil sobre el escenario; algún fulgor azulado, apenas un blanco fijo sobre la menuda figura del vocalista con sus brazos abiertos en cruz. La guitarra a la izquierda, detrás; la batería al fondo, ajustes de relojería; el bajo vibrante y omnipresente, la trompeta a su turno.

Esta impronta que ofrece en vivo de La Doblada, una orfebrería que se asemeja a un sueño lúdico donde cada uno sueña lo suyo pero todos hacen lo mismo, es la misma que en sus discos.

En el ’96 editaron Elogio al mal paso de manera independiente (al año reeditado por DBN, al igual que los dos siguiente), donde aparecía una tríada pop-rock-funky cruda e intencionadamente desalineada. Ahí estaban el dance de Vamos a bailar un poco, y Gaucho ginebrero, que Skay Beillinson votara como Mejor Canción – además de Mejor Disco –en la encuesta de Clarín de ese año.

En el ’98 fue el turno de Herpes, con tapa y toques mexicanotes, un funky más Crook y donde aparece el único cover grabado por la banda: una versión ablusada del bolero Perfidia.

Mientras el país se caía a pedazos, los doblados insistían y en el 2000 editaron 3, el LP más heterogéneo: desde el oscuro, breve y certero Brilla hasta el pop de Cuatro tontos (un guiño autorreferencial de la banda), desde los hits radiales Cricóptero y Loco ticket hasta el cuelgue de Planeador y Viajaré.

Después de sucesivas formaciones (tener percusión y saxo – a cargo de Fernando Colombo, aquel del primer disco de Don Cornelio y la Zona – y ser una de las pocas bandas en usar ese lap-steel tan gilmouriano) y una pausa sabática, La Doblada volvió a enderezarse en formato quinteto: Hernán X en batería, Luis Pesciallo en bajo, Oscar Reyna en guitarra, Javier Lecumberry (alias Lecu) en voz, letras y teclados, y Ricky Lestanguet en trompeta. Y siempre con una especie de grupo estable de fieles en cada recital, sobre todo en los íntimos del subsuelo del Imaginario Bar de Bulnes y Guardia Vieja.

A fines de 2007 La Doblada editó Souvenir Volumen 1, un cúmulo de 9 canciones hecho de materia oscura, que habitan un lugar cerrado y en penumbras envuelto en cortinas (las mismas de la tapa del CD, quizás), pasando del “alter latino” a un embrión de Roger Waters con síntomas de bandoneón: “todos escuchamos Piazzola, todos escuchamos Pink Floyd”.

“Desde 3 hasta ahora – dice Lecu, front-man y alma máter del grupo – cambiaron un montón de cosas. Entre tantas cosas, cambió la ansiedad. Estamos un poco más eléctricos, más tranquilos, nos frustramos menos. Y estamos más convencidos que nunca”.

Volumen 1 fue grabado “muy despacito, tranquilo, pudimos producirlo y editarlo bien. Quedamos muy conformes. Y el resultado esta a la vista”. Según Lecu, el ingreso de Oscar Reyna le aportó “lo que aporta un músico que es claro, poseedor de una gran musicalidad”.

Y si un disco se llama Volumen 1, significa que... el 2 va a ser grabado entre abril y mayo, con la misma formación y 9 o 10 canciones entre las que seguramente estarán Pacto, 200 kilos de pobreza, Navegar y La vida va, que vienen tocando hace rato en vivo.

Lo más probable es que las canciones sigan sonando rotundas y potentes. Como atravesadas por una especie de aplanadora del dark.


La Doblada (versión 01)


FUNKY DOWN: LA BANDA DOBLADA

A la izquierda, adelante, la trompeta y el saxo; detrás, la guitarra. Al fondo, en el medio, la batería. A la derecha, el bajo, solo (antes a sus espaldas había un percusionista, y a veces a su derecha hay un lap-steel). Y en el centro de la tarima, un teclado con un micrófono, ocupado por el vocalista, tecladista y compositor.
Así se ve La Doblada arriba de un escenario. Claro que eso es sólo la imagen.
Hay bandas que son de garage, como la de Spinetta y sus Socios del Desierto – de la cual algún crítico dijo: “Es como que te inviten a comer ocho platos de ñoquis y no te den un vaso de agua” – y hay otras que son de subsuelo, que suenan debajo de todo, de manera que si pasás por la puerta del lugar y las oís, bueno, te dan ganas de ver qué pasa ahí en las profundidades.
O podría ser una de esas bandas que te hace decir “carajo, si tuviera guita haría que esos tipos toquen en vivo, a los pies de mi cama, la canción de las buenas noches”. Y muchos vasos – y no de agua –, y algo para picar.
Lo cierto es que estos siete tipos acaban de sacar su tercer disco, 3 (1), nada de andar rebuscándoselas para el nombre.
El primer hijo de la bestia nació en 1996, con producción independiente, como cualquier hijo de vecino, y bajo el mote de Elogio al mal paso – toda una alegoría, un simbolismo, sí señor –, con estética, música y tapa en blanco y negro. Luego (como Víctor Sueiro) volvió a nacer bajo la distribución de DBN, con quien la banda se quedaría, hasta ahora.
El segundo vástago fue Herpes. Quizás no tan furioso, más melódico, armadito, como traído para el lado del jazz.
- Hay una cosa de ruta en las dos tapas – dice Ricardo Lestanguet, saxo –. Una es una ruta deshabitada, camino a Córdoba, con una flecha dada vuelta – la de Elogio... –. Y la otra es una ruta con un paisano capanga – la de Herpes, un personaje que quiso ser mexicano y acabó siendo una reminiscencia del Gaucho ginebrero del primer disco, el mismo que Skay Beillinson votó como mejor canción del año ‘96 en la encuesta del Suplemento Sí de Clarín.

Sujetos, certezas y videos

Javier “Lecu” Lecumberri, voz y teclados; Ricardo Zuvilia, guitarra; Ricardo “Ricky Cricy Rickry” Lestanguet, trompeta y coros; Fernando Colombo, saxo; Luis Pesciallo, bajo; Hernán X, batería, más la ocasional presencia de Pablo Hadida en lap-stell - ese instrumento tan gilmouriano. Aunque, la banda fue moviéndose: sexteto en el primer disco, con un percusionista llamado Federico “Catupeco”" D' Angelo y otro bajista, llamado también Federico, pero apellidado Morán; octeto en Herpes, los de ahora más la percusión, previo paso como bajista de Hadida, (de quien se puede recomendar su acústico primer disco solista, más norteamericano que Jerry Lee Lewis).
Armada bajo la estructura rítmica y armoniosa de un cadente espacio donde desplazarse, el movimiento tampoco se halla ausente. Ese subsuelo que podría llamarse La Doblada tiene dos techos: el funk, el más seco, el de Elogio..., y el más refinado, el de 3. Y siempre el dark, presente con aviso, escondido perpetuamente y cambiándose de escondite.
Y he aquí una dificultad: ¿Qué tan acostumbrados estamos a definir las cosas por su parecido, que, cuando aparece algo de lo que no podemos obtener referentes, nos ciega la boca? Pues bien, es difícil encontrar rasgos de otras bandas en La Doblada, que no sean escasos aires vagabundos del desaparecido Morphine o de Rey Patricio o de Madness o de qué más. Si hasta a veces puede sonar parecido a Las Pelotas...
Los vientos, irremediablemente, otorgan condiciones atmosféricas; es una banda que tranquilamente podría escuchar James Bond o sonar en una peli de Tarantino.
Son cuatro los videos que la banda ha filmado: Nada, el primer corte del primer disco, y Vamos a bailar un poco, fueron dirigidos por Adrián Caetano (director de Pizza, birra, faso) en blanco y negro. De Herpes se filmó Laberinto y No me hablen de España, con tomas hechas en el Uruguay – con actores de la Escuela de Teatro Sebastián del Carmen de Colonia – y en el Imaginario Cultural (2), bodegón propiedad de Lecu y Matías Godio, una mezcla de productor-gurú y estratega social de la banda (3).
- La creencia es que todos los españoles que vinieron a la Argentina, vinieron a hacer la América – dice Lecu, propietario de una inconfundible voz podri a la hora de cantar, a la hora de hablar respecto a No me hablen... -. Bueno, no es el caso de mis abuelos, y de muchos otros, que vinieron huyendo de Franco.

(1) Los invitados a ese ágape fueron el Gonzo en saxo, Celsa Mel Gowland en coros y Guillermo Piccolini (Pachuco Cadáver) en piano, sintetizador y producción artística.
(2) En aquella época, el Imaginario estaba en Armenia y Honduras. Hoy, en Bulnes y Guardia Vieja.
(3) Alguna vez, Lecu, Skay Beillinson, Willy Croock y Manuel Moretti pensaron en armar una banda (teclas y voces; guitarra; vientos y voces, y otra guitarra y voces). Hubiese sido una Big Bang Band. Otro proyecto de Lecu, años después, se llamó HLX, junto al batero y el lap steel de La Doblada. Tiene grabado un disco completo que nunca se editó.


El día que toco Seru Giran en Salto

(Gracias al amigo Fede Morán)

EL DÍA QUE TOCÓ SERÚ GIRÁN EN SALTO

Corría el año '81 u '82. Charly García (Carlos Alberto García Moreno según su DNI, concertista de piano desde los 12 años), el Beethoven nacional, comenzaba a construir el inmenso habitáculo del reconocimiento público que en unos pocos años su grandeza musical le daría. Mientras tanto, en un pueblo perdido de la pampa húmeda del que Charly seguramente no tenía conocimiento, un grupo de chicos a punto de cerrar su ciclo de estudios secundarios planeaban la manera de juntar fondos para el viaje de egresados.

Una división del Colegio San Martín denominado UTABI (Unidos Todos A Bariloche Iremos, un verdadero paradigma del ingenio aplicado a la sigla) se hacía unos mangos con bailes de carnaval y de fin de año, ferias del plato, alguna rifa. Dentro de los UTABI había un subgrupo, integrado por músicos que componían la banda Atropus: Guillermo Vallarino y Federico Morán, de esta división, junto a Leandro Cuchi y Juan Rojas, que tenían como Meca Sonora a Serú Girán.

Entonces, estos visionarios tuvieron una nueva idea, una idea reveladora, trascendental, inaudita, casi descarriada. La pregunta fue: "¿Cómo hacemos para traer a Serú Girán a Salto?".

En ese momento, los únicos canales de televisión que se veían en Salto eran el 3 y el 5 de Rosario, y algunos de Buenos Aires si uno apuntaba la antenita para el lado indicado. No había Internet. No había radios FM. Si uno quería un disco, había que encargárselo a Enio (dueño de la única disquería del pueblo por entonces) para que llegara 20 días después. Siempre y cuando hubiera leído la revista Pelo.

Así y todo, los muchachos de Atropus y UTABI se las ingeniaron. En la contratapa de uno de los discos de Serú Girán (al lado de la famosa leyenda "Disco es Cultura!") decía "contrataciones". Ahí llamaron. Averiguaron que los Serú cobraban algo así como $1500 de la época, mientras que el grupo sólo había acopiado $400. La picardía criolla de quien quiere convencer al otro de que el entusiasmo propio es el acertado, los llevó a decir que traer a Serú era "casi lo mismo que traer a Sui Generis, los que cantan Rasguña las piedras...". (Cosa que a Charly no le hubiera convencido mucho: él quería cortar su cordón umbilical con Sui Generis y, para eso, ya en el ’78 había sacado su primer disco con Serú; en el medio, había fundado "La máquina de hacer pájaros".)

Con las valijas llenas de emoción, entonces, los muchachos se mandaron un viajecito a Buenos Aires. Recalaron en una oficina de una galería de la calle Santa Fe, que no era ni más ni menos que de Daniel Grinbank. Increíblemente para este nivel de las cosas, bastó con un contrato de palabras: nada de adelanto, nada de precontrato. Todo arreglado: Serú iba a tocar en Salto.

Las cosas Giran

Al toque comenzó la promoción y venta de entradas anticipadas para el recital de Serú Giran en el Gimnasio del Club Compañía... Pero mal, muy mal: 40 entradas, promedio. Las esperanzas flaqueaban a la par de la escasa recaudación.

Cuando los músicos llegaron, hubo que ofrecerle una garantía firmada de que les iban a pagar, más allá de la gente que fuera al recital. Mientras los plomos armaban el equipo de sonido, Moro, Aznar, Lebón y García se fueron a tomar un cafecito frente a la plaza, con la delegación de UTABI por detrás, como si el cuarteto fuera en uno solo El Flautista de Hamelin. En medio de la charla de café, surgió un viaje, una búsqueda pueblerina, y allá fueron, Grinbank y compañía a pasear en un Dodge 1500 celeste un poco derruido, picado de chapa, propiedad de Pedro Aznar, a vagar por las calles.

La cosa es que el momento de la función llegó, ocurrió lo tan temido: una asistencia de no más de 90 personas para un recital que los Serú, rápidos, inteligentes, soberanamente geniales en lo musical y lo humano tomaron como un ensayo, para que el aire de la noche se envolviera de talento e intimidad.

Tocaron todas las canciones del disco "Bicicleta". Como si fuera poco, se cambiaron los instrumentos (¡!) e hicieron un largo set con canciones de los Beatles. Lebón (guitarrista) en la batería; Aznar (bajista) en el piano; Charly (pianista) en el bajo; Moro (baterista) en la guitarra. Como cierre, una improvisación de jazz, de nuevo cada uno en su instrumento, broche dorado para un momento con aires de eternidad decorando lo azaroso, pero como en el living de casa.

¿Qué paso con UTABI? Se fundieron, qué otra cosa... Hubo que volver a empezar con la recaudación. Pero hoy, 24 años después, digan la verdad: ¿quién no cantó alguna vez eso de "esas motos que van a mil sólo el viento te harán sentir"...?

MARTA MINUJIN

Esta nota la hicimos con mi amigo Nico (Daniel Nicolini) en 2001

SOY POP

Hay cosas que ni siquiera pueden llegar a intuirse. Por ejemplo, pensar que es sencillo y corriente vivir un día en la vida de Marta Minujín. Una mujer con el pelo del color del chocolate blanco, marcada con sólo algunas arrugas por los años; descomunalmente vital. Una mujer que sale de su taller con una cartera de cuero negro y un reloj de pared, de material plástico, rojo azul y amarillo, con la cara del ratón Mickey estampada.
- Tengo que ir a mi casa - su voz tiene una velocidad incalculable -. Llámenme allá en media hora. Ella - señala a una mujer mayor - les va a mostrar el taller. Saquen todas las fotos que quieran. Voy a tomar un taxi.
Es sólo el comienzo. Para el coche izando el reloj con la cara de Mickey. Sube. Desaparece.
- Me vuelve loca, siempre pierde todo - argumenta María del Carmen, alias Maruca, una especie de hada guardiana de 82 años que vive en una propiedad contigua al atelier de MM, una inmensa casona centenaria ubicada en el barrio de San Cristóbal. Allí no hay un sólo ambiente en orden; el caos (quizá armónico para el artista) es notorio: Esculturas terminadas, partes de instalaciones ya exhibidas, el esqueleto de la Estatua de la Libertad que recubrió con frutillas. Obras monumentales.

“La artista más famosa del mundo”

Segunda posta, cuarenta y cinco minutos después. Bar Le Pont, Montevideo y Juncal. Una mesa para tres que por ahora son dos y una pregunta al mozo:
- Perdón, nosotros teníamos que encontrarnos con Marta Minujín...
- Ah, sí, dijo que ya viene.
A los quince minutos aparece la Gran Dama del Pop. Lleva un guante de látex en la mano izquierda y una bolsa plástica de supermercado en la derecha.
- Es por la artrosis - aclara, levantando el guante -. Y estas son reducciones de obras; las vendo en los bares, a 15 pesos cada una.
Víctima de su propia inquietud, le es imposible mantenerse inmóvil: va hasta el mostrador, se estira, flaca, zigzagueante, le dice al encargado:
- Las velas son arte efímero. Tomá, te dejo una de regalo.
Mientras la Dama del Pop está en la barra, una mujer de la mesa contigua pregunta:
-¿Esa es Marta? Está más flaca.
La voz de una señora mayor murmura una pregunta. La mujer responde:
- No, mamá, Marta, mi amiga, no. Esta es Marta Minujín, una artista plástica.
Cada vez es más fuerte y convincente la idea de que nadie la desconoce; que, aunque nunca la hayan visto en vivo y en directo, su imagen es más fuerte de lo que la misma experiencia impone.
Entonces MM vuelve a la mesa, siempre con el guante calzado en la mano. Trae un plato con palitos salados. Se sienta y comienza con su soliloquio. Siempre velozmente, aclara que, en general, trabaja por canje: con hoteles, aerolíneas, gimnasios, dentistas, casas de ropa. Incluso su auto, un Renault Mégane, lo canjeó “por arte”. Inocentemente, la pregunta es si el trueque lo hizo en una concesionaria. “Con el dueño de Renault directamente”, es la natural respuesta.
- Canjeo todo. Es una manera de corromper a la gente con el arte. Con el restaurante arreglé que me pagara la escultura con comida. Entonces voy a comer y se descuenta de la escultura.
Cuenta, como al pasar, que en su vida lleva ganadas diecisiete becas, la mayoría en Francia y EEUU, la primera a los 19 años. En esa oportunidad, con el dinero ganado, hizo folletos con la inscripción “Marta Minujín, la artista más famosa del mundo”, y los tiró por toda la calle Florida. Refiere también que construye sus obras a través de una Santa Trinidad: la Acumulación, el Corte y el Movimiento, y que la cabeza que está en el hall del Village Recoleta costó 80 mil dólares.
- Me la compraron. La galería ganó treinta y pico mil dólares, y hacerla me costó 16 mil.
-¿Los precios finales son así, siempre, un 200% del costo?
- Todo es costo; es brutal el costo. Con algunas pierdo mucha plata. Yo gano con las de yeso, y pierdo brutalmente con las de bronce. Pero la gente es tonta, y le gusta más el bronce que el yeso. Las de bronce las termino yo, pero las de yeso las hago yo. Quiero imponer el yeso no como material temporario, de paso, sino como material definitivo. Vendo ocho esculturas de yeso, hechas una por una, y ocho de bronce, hechas una por una. Mis esculturas son muy difíciles de fundir, porque tienen cara, ojos, pelo. Al serruchar el original, se puede romper el molde, y el molde cuesta seis mil dólares. Del fundido sale con “barba”, rebordes. Hay que lijarlo, soldarlo, y ahí tengo que ir a la fundición. Y eso es todo un costo adicional.
Se detiene de repente. Desde la nada, agrega:
- Bueno, basta, basta. No graben más. Vamos a casa que me tengo que cambiar. Después vamos a ir a una exposición en el Recoleta.

Mentirosa pop

La casa queda enfrente del bar, en un elegante primer piso con un balcón que da a la plazoleta. “Esta es una de las casas donde paro”, aclara sin que nadie le pida aclaraciones.
-¿Tu hija qué edad tiene?
-21.
-¿Y tu marido?
-58.
-¿Y vos?
Dice “56”; miente. Siempre miente con la edad. Alguna vez dijo haber nacido en 1941; otras en 1943. En otros casos, omite mencionar el año de su nacimiento. Lo que se puede ver del dúplex provoca una rara sensación: está vacío de muebles y atestado de esculturas. No hay decoración, a no ser las dispersas obras que funcionan como un anárquico ornamento de los ambientes.
-¿Me hacen un favor? Vayan a buscar el celular a la casa de reparaciones que está acá a la vuelta, sobre Santa Fe. Ah! Y si pueden, cambien esas lamparitas que están quemadas.
Lo de las lamparitas no se puede llevar a cabo debido a dificultades estructurales de la construcción edilicia, pero ante lo del teléfono, resulta imposible negarse al petitorio a causa de lo disparatado. De regreso, celular en mano, hay que contribuir un poco más con lo minujinesco: estampamos en una pared del departamento nuestros números telefónicos. La agenda, inmensa, ocupa dos paredes del dúplex.
- Bueno, vamos a la exposición - dice, luego de media hora de cambios en la que lo único que cambió fue la blusa que se esconde debajo del traje plateado.

Velocidad minujinesca

Subimos a un taxi. Apenas se cierra la tercera puerta, la voz de MM dice:
- Doble en la esquina. A velocidad minujinesca.
Todo el viaje, para el taxista, será una experiencia alucinógena, entre confusa y ficcional.
-¿Cómo se llama usted? - dirá él.
- Marta Minujín.
- De Marta me voy a acordar, así se llama mi hermana. ¿Y qué hace?
- Soy filoscultora. Yo inventé la esquizofrenia absurda.
Doblamos un par de veces y rodeamos una plaza. El barrio de Recoleta está gallardamente iluminado; no puede escapar a su esencia. En medio de resplandores, la pregunta a Minujín ahora es por qué nunca tomó al sexo como motivo artístico.
- Mi obra está en la idea, más allá del cuerpo. No hay racismo en las calaveras, no hay racismo en los esqueletos. Todos los esqueletos son blancos. No hay huesos negros ni rojos. Todos los huesos son blancos.
Las expresiones del taxista podrían definirse, rápidamente, como las de un tipo tomado por sorpresa.
- Hablo como una cotorra, ¿no? - acierta Minujín desde atrás.
Y se pone a dibujar una figura repetitiva en su obra: varias caras, uno y a la vez todos los rostros de un mismo individuo, la fisonomía completa y consecutiva del ser humano. La bosqueja en el vidrio de la ventanilla, con un fibra de secado rápido de color plateado.
- Quedó hermoso el dibujo - dice Minujín al bajar del taxi -. ¡Viva en arte! - le grita al tachero antes de cerrar la puerta.

Marta entre los juguetes

Un bazar del BA Design vive el microcataclismo que desata la irrupción de MM en cualquier lugar. Da mil vueltas para comprar una lata de gaseosa que finalmente no compra y conseguir un par de platos blancos para dibujarlos y ofrecérselos como obsequio a los reporteros. Finalmente, el espacio elegido para la consumación de la obra sobre una vajilla-soporte es el mostrador de una juguetería: difícil de describir la azorada expresión de las empleadas viendo a una mujer con sombrero irrumpir en el local, instalarse junto a la registradora, pedir un par de fibrones y dibujar un perfil de mujer en varias dimensiones. La idea de la silueta, la repetición del mismo diseño que quedara en el vidrio del taxi.
- Me divierto trabajando - dice Marta, antes de salir de la juguetería.
De allí al Centro Cultural Recoleta, a la exposición de la artista plástica Silvia Montes, esposa del Jefe de Gabinete nacional Chrystian Colombo. La muestra es una serie de instalaciones audiovisuales que tienen como temática el agua, sus rumores y sus coloraciones en rojo y en gris. Cuando la Dama del Pop hace ingreso, con su ambo plateado, el resto de las cosas pierden brillo. Ni el Jefe de Gabinete ni su esposa-expositora pueden detener el viraje en la atención que provoca la visita, una especie de eclipse que viene a confirmar una regla: MM es la popularidad en sí.

El número universal

- Ocho es el número universal. Por ejemplo, del David de Miguel Angel hay ocho. De Rodin, también, hay ocho Pensadores. Es por ley. Porque el artista tarda cinco años en hacer una escultura. No podés vivir de una sola escultura.
-¿Y por qué ocho y no doce?
- Ah, no sé, andá a preguntarle al que la inventó. Hay ocho. Puede haber miles, pero los otros son falsos.
-¿Y cómo se sabe si el falso?
- Hay una chica que agarró mis esculturas, tal cual, les sacó el molde y las reprodujo. La firma de Marta Minujín se la tapó. Está vendiendo como loca: barato, feo. Vende falsos Minujín. ¿Sabés cuál es la manera de detectarlos? Por el peso.
-¿Siempre componés en cantidad?
- La gente se cree que yo hago una sola escultura, siempre la misma. No es así. Yo no hago escultura. Caí con los griegos por un concepto filosófico, que es traer las cosas del pasado a esta época, fragmentado. Somos seres fragmentados. Porque los filósofos no hacían esculturas, expresaban ideas. El Pensamiento en Apolo, la Belleza en la Venus. No es la escultura por la escultura como es la contemporánea. A mí no me interesa la escultura: represento ideas.

Iluminismo tecnológico made in Korea

En el taller de Humberto I° hay montada una estructura que, a fuerza de parecer ya casi lista para su exposición, llama poderosamente la atención. Es un bastidor de alambre tejido que soporta cientos de tornasolados cristales de anteojos de sol.
-¿Cómo construiste esa escultura?
-Lo de los anteojos es una nueva técnica que hago, el Iluminismo tecnológico. Eso va colgado en la pared, afuera, y cambia sesenta veces de color.
-¿Y cuántos pares de anteojos compraste?
- No, me los regalaron. Eso surgió de unos coreanos que habían contrabandeado todo eso, y un día tocaron el timbre en mi casa y dijeron “señora Minujín, le traemos un regalo, pero no salga a la calle ahora, salga dentro de un rato”. Al rato salgo y, de acá hasta allá, estaba todo lleno de cajas de anteojos. Las guardé, y cuatro años después me surgió la idea y la empecé a hacer.

La teoría del pop

-Soy una artista pop.
-¿Y qué es el pop?
-Pop: cultura instantánea, la filosofía del devenir, pero desde el punto de vista de vertirse en. Es como diversión. Es decir, acá está todo analizado así: lo que la gente llama esculturas son construcciones que asemejan esculturas. La gente, cuando ve mis cosas, primero le da un golpe de impresión, de belleza, y se traslada; después se divierte. Eso es el pop: divertido. Porque ¿qué quiere decir la palabra divertido?: Vertirse en. Por ejemplo, vas por la 9 de Julio y ves el Obelisco inclinado... te descolocás, y ahí crecés.
-¿Y no te parece que el pop hoy tiene un concepto muy amplio?
-A mí me parece tan genio Einstein como el que inventó el chicle Bazooka: masticar y hacer un globo. Me parece espectacular. Sin embargo, no sabemos quién inventó el Bazooka. Yo hago cosas que hacen reír. Como Woddy Allen. La gente entra en una catedral y llora; también podés entrar a una catedral y reírte de tanta maravilla. Soy pop, siempre soy pop.
-¿Te gusta el caos como modo de la creación?
- No, soy desordenada que es distinto. En la vida. En el arte soy la persona más ordenada del mundo. Hay un orden en el arte.

Obra y vida

Marta Minujin estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes. A pesar de obtener excelentes calificaciones en dibujo, pintura y escultura, no se sintió conforme con lo que hacía. Estaba interesada en ser una artista de vanguardia y lo suyo no le parecía acorde a esa tendencia, por lo que abandonó sus estudios.
Un día, mientras pintaba un cuadro para el que necesitaba mucha carga matérica, decidió pegar sobre la tela una parte del colchón de su cama: eso le pareció una veta original y decidió explorarla. Sus primeras obras con colchones se expusieron en la Galería Lirolay, donde la descubrió Jorge Romero Brest.
En 1961 ganó una beca y se fue a estudiar a París. Allí se vinculó con artistas del Nouveau Realisme, informalistas y de otras orientaciones (como Niki de Saint-Phalle, Jean Tinguely, Christo, Lourdes Castro y Robert Rauschenberg). Al año siguiente comenzó sus estructuras habitables cubiertas de colchones – realizadas con colchones encontrados entre los desechos de los hospitales parisinos - y sus primeras performances. Paralelamente, adscribió a las teorías de la “muerte del arte”, evitando el mercado y los museos, realizando obras efímeras y destruyendo su obra plástica anterior. Dentro de este pensamiento se inserta La Destrucción, su primer happening realizado en 1963. Para esta obra, Minujin reunió todas sus piezas elaboradas con colchones, e invitó a un grupo de artistas a “destruirlas” creando una obra propia sobre ellas. Posteriormente, un verdugo las destrozó con un hacha y Minujin las quemó, mientras liberaba 500 pájaros y 100 conejos entre los participantes. La artista desarrolló esta vía del happening (basada en acciones simultáneas y en situaciones “fuera de control”, con gran participación y apuesta a la creatividad del público), en otros eventos similares realizados poco después, como Suceso Plástico (1965), un aquelarre de motociclistas, musculosos, mujeres gordas, parejas de novios atados, pollos, lechuga y harina que tuvo lugar en Montevideo (obra por la cual Marta Minujin no pudo volver a ingresar a Uruguay por varios años) y Happening, del mismo año, ejecutada en el programa “La Campana de Cristal” que se emitía por el Canal 7 de televisión. Con Revuélquese y Viva (1964), una construcción habitable cubierta de colchones multicolores que invitaba al público a desplegar sus capacidades lúdicas, ganó el Premio Nacional del Instituto Torcuato Di Tella.
Pero Marta Minujin se hizo famosa cuando al año siguiente compuso, junto a Rubén Santantonín, La Menesunda, una ambientación transitable que proponía al espectador experimentar una variedad de sensaciones a lo largo de un recorrido de 16 zonas. Pocos meses después realizó El Batacazo (1965), otra ambientación transitable de menores dimensiones, que repitió al año siguiente en los Estados Unidos.
En 1966 ganó la Beca Guggenheim y se trasladó a New York. Allí su obra se volcó hacia los medios de comunicación y su implicancia en la modificación del entorno sensorial de los individuos, inspirada en las teorías de Marshall McLuhan. En esta línea realizó Simultaneidad en Simultaneidad (1966), en la que echó mano de todos los medios a su disposición para crear una invasión mediática instantánea; Circuit (1967), obra similar realizada en Canadá; Minuphone (1967), una cabina de teléfono que reaccionaba a los números discados, exhibida en la Howard Wise Gallery de New York, y Minucode (1968), ambientación fílmica expuesta en esta última ciudad.
De regreso en Buenos Aires, La Academia del Fracaso (1975) y Comunicando con Tierra (1976) son sus realizaciones más destacadas de este período. Poco después, inició su “arte agrícola de acción”, obras de carácter ecológico en las que combinaba el arte con la naturaleza: Repollos (1977), en el Museo de Arte Contemporáneo de San Pablo, Toronjas (1977), en el Museo de Ciencias y Artes de la Universidad de México y Oranges (1979), en el CAYC.
Por esa misma época comenzaron sus monumentales obras consumibles, que se inauguraron con El Obelisco de Pan Dulce (1978), continuaron con La Torre de James Joyce en Pan (1980) -realizada en Irlanda- y se prolongaron en una progresión de figuras simbólicas recubiertas con diferentes alimentos (Venus de Milo de queso, Estatua de la Libertad de frutillas, el Minotauro de cerezas). Paralelamente, Minujín desarrolló una serie de “deconstrucciones de mitos” en obras como El Nido de Hornero Gigante (1976) -una parte de Comunicando con Tierra- El Obelisco Acostado (1978), presentada en la ciudad de San Pablo y Carlos Gardel de Fuego (1981), realizada para la Bienal de Medellín.
Estas obras que conjugan la historia, sus símbolos y uno de los principales baluartes de la sociedad contemporánea -el consumo- desembocaron en un grandioso Partenón de Libros (1983), réplica del monumento de Atenas recubierta con libros prohibidos durante la dictadura militar, realizada en homenaje a la cultura y a la democracia.
Tras largos años de obras efímeras y de rechazar a las instituciones artísticas, Marta Minujin regresó a la escultura, siguiendo la tendencia a la recuperación de las artes tradicionales que se produce durante la década del '80. Sus obras son estudios sobre el arte clásico desde una mirada contemporánea, que inserta a la tradición en la problemática de la posmodernidad.
No obstante, continúa con sus eventos, ambientaciones y performances. En 1985, Minujin pagó la deuda externa argentina al artista norteamericano Andy Warhol con mazorcas de maíz, el “oro americano”, en una acción simbólica realizada en New York. Para los festejos del Quinto Centenario, intentó saldar el descubrimiento de América pagándole a la Reina Sofía con la misma moneda, pero razones protocolares le impidieron hacerlo. Cuatro años más tarde, intentó resolver el conflicto de Malvinas, pagando con mazorcas a una doble de Margaret Thatcher.
Su última muestra la llevó adelante en julio en Buenos Aires: el “Reality Art Show”, laberinto por el que los visitantes paseaban “espiando” a la artista que, mientras ellos miraban, trabajaba en sus obras.