LAS HUELLAS DE KRANTZ
(Entrevista realizada en 2005)
Pablo Krantz vive en Francia hace tres años. (1) Pero antes de irse, dejó sus marcas literarias y musicales y fue marcado por el efecto Argentina. Las respuestas a una entrevista hecha vía mail le dan forma y sentido a esas huellas.
Pablo Krantz nació en Buenos Aires en el primer año de la década del setenta. Tiene apellido alemán pero su familia paterna provenía de Polonia y de Bielorrusia y la materna de Ucrania y Grecia. Pasó sus dos primeros de vida en Los Ángeles, California, donde vivían por entonces sus padres. Desde entonces, vivió en Buenos Aires. La idea de los viajes ya estaba en su sangre apenas nacido. Después de una niñez que “no estuvo nada mal” y una adolescencia “catastrófica”, a los 18 años se volvió un ser sociable, se unió al movimiento anarquista y participó de una pandilla de punks. Y un día decidió (¿esas cosas se deciden?) hacerse músico y escritor.
- Desde que tengo memoria invento historias. En una época, cuando era chico, jugaba a decirle a la gente que me dijera una frase y luego les contaba toda una historia que inventaba en el momento a partir de esa frase. Siempre sentí que la escritura era lo más importante para mí. Escribir canciones o escribir cuentos son distintas facetas de una misma necesidad, no una necesidad de expresión sino de crear un mundo.
A los catorce Krantz empezó a tocar la guitarra, a cantar y componer canciones. “Soy una persona con tendencia a la obsesión y el perfeccionismo, y supongo que el hecho de hacer dos cosas distintas me permite mantener mi cerebro convenientemente ventilado”. Desde 1989 y hasta el ‘97 lideró una banda llamada El Pesa-Nervios (en referencia a un libro de Antonin Artaud) y de ahí en adelante comenzó una carrera de solista, que le daría sus buenos lauros con la banda Pablo Krantz y los Chicos Búfalo. Pero no pudo consigo mismo y ese mismo año editó su primer libro de cuentos, “Dame un coche tan rápido que no lo alcancen los recuerdos”, seguramente uno de los cinco libros nacionales de título más largo.
En el ‘98, con los Chicos Búfalo, editó “Un cheque chino para una chica checa”, un CDR del que en su época se hicieron sólo unas cien copias, con nueve temas, varios de los cuales salieron versionados en el primer disco oficial de la banda en el ‘99: “Demasiado tiempo en ningún lado”, que contiene una de las canciones de Krantz más difundidas en las radios, “Bajo cero”, que salió también como EP en vinilo, titulado “Bajo cero: mis experiencias del lado equivocado de la pasión”.
En 2001, cuando el país se caía a pedazos, Pablo Krantz construía más que nunca. Editó el libro de cuentos “La mañana en que falló la ley de gravedad”, con prólogo de Fabián Casas, y el segundo disco de la banda, con título que iba de Casablanca a los policiales duros: “Los extraños nunca dicen adiós”.
-¿Qué te lleva a elegir esos nombres tan particulares y extensos para tus obras?
- Trato de inventar títulos que se sostengan por sí solos, que provoquen algo en el que los lee y que a la vez den el tono del libro o el disco que representan. No entiendo a la gente capaz de ponerle a un libro o a un disco títulos como “Remolino” o “Me gustas”.
- En todos los títulos de tus libros y tus discos aparece un tema recurrente: la cuestión espacio temporal. Tiempo en ningún lado, un coche tan rápido que no lo alcancen, la ley de gravedad, el lado equivocado...
- Ahora que lo decís, y viéndolo a la distancia, veo que en todos esos títulos estaba la idea de estar en el sitio equivocado, de querer escapar, de no estar finalmente en ninguna parte. De hecho, mi último disco (“Las canciones de amor arruinaron mi vida”) es el primero que no entra dentro de tu caracterización, tal vez porque al fin me fui.
Pablo Krantz estaba en la Argentina de la crisis volviéndose loco para hacer cosas, para sacar sus discos y sus libros mientras que el contexto era el menos indicado. Entonces, un día, como lo dice en una de sus canciones, supo que había nacido para despedirse, y se fue a Francia. Corría el año 2002 y Argentina era una larga lengua que se hundía en sí misma.
- En el momento de la crisis argentina, parecía ser el fin del mundo. Ahora me parece que es otro momento más, otro fin del mundo como ha habido tantos en la Argentina (al menos uno por década), en el largo hundimiento del país. Me parece que hay que verlo dentro de un cuadro mucho más grande, dentro del espacio y el tiempo, por seguir con lo que decíamos antes. Pero la crisis argentina entra dentro del movimiento de todo lo que está sucediendo en el mundo. Cuando uno vive en Argentina tiene a veces la impresión de que el mundo está pendiente de lo que sucede o no sucede allá, pero la realidad es que a nadie le importa. Cuando tenía veintiocho años mi lema era “golpear mi cabeza contra las paredes hasta que las paredes o mi cabeza se rompan”. Pero llegó un punto en que me pareció que no tenía sentido tener que seguir esforzándome tanto por las cosas subsidiarias de mi arte. Tiene que ver con un país que no se quiere a sí mismo y que en consecuencia descree que algo bueno pueda salir de él, que durante los años 90 creyó estar en Europa y terminó detestándose más que nunca al descubrir que finalmente estaba en Latinoamérica.
A Pablo Krantz no le resultó nada fácil cambiar de continente, empezar otra vez de (bajo) cero. Pero podía construir una nueva vida. Hablaba francés desde los cinco años, había trabajado como traductor (su último trabajo en Argentina fue traduciendo subtitulados de películas pornográficas francesas) y como intérprete. Durante todos esos años también publicó en antologías literarias y revistas argentinas (V de Vian, Cerdos y Peces, Inrockuptibles, La García, Planeta Urbano, una serie de 10 cuentos en el diario El Día de La Plata), además de otras publicaciones de Francia, España, México y Uruguay. Incluso en el 2003 ganó un premio en el Concurso Juan Rulfo, uno de los más importantes en lengua castellana que organiza Radio Francia Internacional.
Así y todo, le llevó un año componer canciones en francés. De esa dificultad nació el disco “Les chansons d'amour ont ruiné ma vie” (Las canciones de amor arruinaron mi vida), que se editó en diciembre de 2003 y fue distribuido en Francia y Argentina. Aunque componía canciones en francés, seguía escribiendo en castellano. “Me parece que el español es una lengua maravillosa para la literatura, una lengua promiscua y desbordante, que permite miles de libertades”. (2)
- ¿Qué ves ahora, ahí, en Francia?
- No sé qué decirte. Es una noche hermosa, hay un viento encantador, acabo de comerme una manzana... Todo va bien.
(1) A fines de 2007, Pablo Krantz volvió a vivir a Argentina. Por estos días está en presentando en Buenos Aires su último disco, en frances “Les chansons d'amour ont ruiné ma vie”.
(2) A fines de 2006 editó un nuevo libro de cuentos, esta vez, sí, en francés: “Le saint cleptomane et la fille au vagin doré” (El santo cleptómano y la chica de la vagina dorada) a través de la editorial Les Petits Matins, para luego ponerse a trabajar en el nuevo disco de canciones en francés.
jueves, 8 de mayo de 2008
viernes, 25 de abril de 2008
Un hombre en seis palabras
Vivimos la era de la “novela del yo”, la “autoficción”, la “autobiografía”. Una reincidencia en el concepto que suena a algo así como decir “volví de nuevo nuevamente”.
Esto, que para algunos es una nueva forma del realismo, para otros representa la vereda de enfrente cada vez más lejana de las grandes novelas del siglo XIX. O una moda pasajera más, como no hace mucho lo fue la novela histórica. O los residuos del liberalismo, de la individualidad / individualismo propio de los ’90, que modifica el canon y lleva al “escribo sobre mí; luego existo”.
En todo caso la pregunta que surge es: ¿qué extraña forma de la necesidad despierta en el hombre a la hora de confesarse de esa manera? ¿Era cierto entonces que escribíamos solamente para que nos leyeran? ¿Es esto una sesión de psicoanálisis colectivo, donde el lector es el psicoanalista que hace sus devoluciones sin que el psicoanalizado lo sepa? Trastos viejos. Ya lo hizo Borges nombrando a Borges en sus relatos, colocándose a sí mismo en el Otro de una forma despersonalizada.
Sean lo que fueren las respuestas a tantos interrogantes, un buen aprovechamiento de esta tendencia ha emprendido la revista virtual norteamericana Smith (como Pérez aquí, el apellido más común de los Estados Unidos, sinónimo de multitud a la vez que de anonimato, aunque es imposible no relacionarlo con su homónimo clonado de la trilogía de Matrix, donde el Uno es todas sus reproducciones), que trabaja en general con textos enviados por sus lectores.
La revista creó un proyecto llamado “No es como lo había planeado” (No quite what I was planning), en el que sus lectores debían enviar una autobiografía descritas en sólo seis (6) palabras. Vale aclarar: se trata de “gente común”, no escritores reconocidos sino autores inéditos o que no escriben habitualmente. Según Smith, la idea provino de una presunta apuesta que le habrían hecho a Hemingway, para la cual él escribió: “Rebaja: zapatos de bebé, sin estrenar”. Llegaron, entonces, un promedio de 500 narraciones al día durante varios días, que pasaron por una selección hasta volverse libro.
Muchos de esos textos parecen comienzos de novelas que nunca sabremos cómo continúan. Casi aristotélico, en el principio está la mitad del todo. Otros, trabajan la idea del haiku (por su brevedad tanto como por la descripción de la vida cotidiana) y, más que nada, el estilo graffiti. Todo, claro, potenciando la idea del mismo Hemingway y llevando a su máxima expresión la teoría del iceberg.
Las temáticas de las breves narraciones van del humor al misterio y de la parodia a la poética. Pero un tópico asalta la mayoría. “Imaginé todo. Todavía no lo hice”. “Toda una vida esperando a nadie”. “Sólo tres palabras: nada que decir”. “Nacido en California, después nada pasó”. “Me gustaría estar en otro lugar”. En resumen: el modo en que todos formamos parte de lo que se llamaría un mismo mundo y, no obstante, somos a cada minuto desterrados de él; el modo en que se mueven la parálisis, la soledad y el vacío.
Es que en el nombre del proyecto late ya la carveriana decepción: “No es como lo había planeado”. Y la manifestación artística aparece entonces como síntoma y respuesta a aquello que los hombres nunca podrán ser aunque nada les impida soñarlo. En fin: la vida es breve, y la justificación ante ella suele costar mucho más que la vida misma. O menos, si es que bastan sólo seis palabras.
http://www.smithmag.net/
Esto, que para algunos es una nueva forma del realismo, para otros representa la vereda de enfrente cada vez más lejana de las grandes novelas del siglo XIX. O una moda pasajera más, como no hace mucho lo fue la novela histórica. O los residuos del liberalismo, de la individualidad / individualismo propio de los ’90, que modifica el canon y lleva al “escribo sobre mí; luego existo”.
En todo caso la pregunta que surge es: ¿qué extraña forma de la necesidad despierta en el hombre a la hora de confesarse de esa manera? ¿Era cierto entonces que escribíamos solamente para que nos leyeran? ¿Es esto una sesión de psicoanálisis colectivo, donde el lector es el psicoanalista que hace sus devoluciones sin que el psicoanalizado lo sepa? Trastos viejos. Ya lo hizo Borges nombrando a Borges en sus relatos, colocándose a sí mismo en el Otro de una forma despersonalizada.
Sean lo que fueren las respuestas a tantos interrogantes, un buen aprovechamiento de esta tendencia ha emprendido la revista virtual norteamericana Smith (como Pérez aquí, el apellido más común de los Estados Unidos, sinónimo de multitud a la vez que de anonimato, aunque es imposible no relacionarlo con su homónimo clonado de la trilogía de Matrix, donde el Uno es todas sus reproducciones), que trabaja en general con textos enviados por sus lectores.
La revista creó un proyecto llamado “No es como lo había planeado” (No quite what I was planning), en el que sus lectores debían enviar una autobiografía descritas en sólo seis (6) palabras. Vale aclarar: se trata de “gente común”, no escritores reconocidos sino autores inéditos o que no escriben habitualmente. Según Smith, la idea provino de una presunta apuesta que le habrían hecho a Hemingway, para la cual él escribió: “Rebaja: zapatos de bebé, sin estrenar”. Llegaron, entonces, un promedio de 500 narraciones al día durante varios días, que pasaron por una selección hasta volverse libro.
Muchos de esos textos parecen comienzos de novelas que nunca sabremos cómo continúan. Casi aristotélico, en el principio está la mitad del todo. Otros, trabajan la idea del haiku (por su brevedad tanto como por la descripción de la vida cotidiana) y, más que nada, el estilo graffiti. Todo, claro, potenciando la idea del mismo Hemingway y llevando a su máxima expresión la teoría del iceberg.
Las temáticas de las breves narraciones van del humor al misterio y de la parodia a la poética. Pero un tópico asalta la mayoría. “Imaginé todo. Todavía no lo hice”. “Toda una vida esperando a nadie”. “Sólo tres palabras: nada que decir”. “Nacido en California, después nada pasó”. “Me gustaría estar en otro lugar”. En resumen: el modo en que todos formamos parte de lo que se llamaría un mismo mundo y, no obstante, somos a cada minuto desterrados de él; el modo en que se mueven la parálisis, la soledad y el vacío.
Es que en el nombre del proyecto late ya la carveriana decepción: “No es como lo había planeado”. Y la manifestación artística aparece entonces como síntoma y respuesta a aquello que los hombres nunca podrán ser aunque nada les impida soñarlo. En fin: la vida es breve, y la justificación ante ella suele costar mucho más que la vida misma. O menos, si es que bastan sólo seis palabras.
http://www.smithmag.net/
Estallido de luz
Lo primero que vio fue oscuridad. Con estupor, con extrañeza, comprobó que estaba despojado de ropas. Se puso de pie. Avanzó, los brazos hacia delante, como si fueran aspas quietas, lentos tentáculos. Varios aleteos después no llegó a palpar cosa alguna. Por eso, o porque no lo había, un inédito sentido de la percepción le indicó la sala estaba vacía. Silencio. Oscuridad, nada. Y las paredes (o lo que fuera que delimitara ese lugar) a una distancia que no podía precisar. Quieto, el cuerpo levemente inclinado hacia delante como quien oye signos del futuro, esperó. Esperó. Un lapso impreciso, incontable. De un momento a otro, un ángulo de la sala se ajó en una línea vertical de luz, como si alguien que no estuviera allí se dedicara a trazarla con precisión geométrica. El hombre, despojado de su ropa, aún inmóvil, izó un pie y estuvo a punto de dar un paso. El movimiento fue simultáneo a la apertura de la línea de luz, y eso le bastó a su sentido de la percepción para comunicarle que, en una ráfaga, las paredes desaparecían y con ellas el todo, la oscuridad y su facultad de ver y no ver.
martes, 15 de abril de 2008
Va por eso
1-
Un gaucho fue a bajarse del caballo. Le erró al estribo y se cayó.
"Ahijuna", dijo, "es por eso".
2-
A las 16.34, Sir Enrique sorbió la segunda taza de té tibio. Ya la primera le había caído un tanto grave, pastosa; esta segunda le dolió: en el estómago, primero; en el resto del cuerpo después.
Lo último que vio fue a su sirvienta, vestida de negro, las manos un tanto más largas de lo usual.
"Sí, es por eso", fue lo último que dijo Sir Enrique.
3-
Marcos y Manuel. Primero Marcos y Manuel. Después: Marcos, Manuel y Marcos. En verdad, Manuel. Marcos era un hombre. Lo supo, lo hizo saber, esa noche en la obra en construcción: Él era Manuel. Pero era Marcos, también. Era Manuel con Marcos dentro. La cumbia llegaba de fondo con el viento en la tormenta. "Es por eso" pensó, sintió Manuel. "Es por eso, que siga".
4-
"Existe un problema moral. Punto. Cero. O dos puntos. He de avocarme a ello", dijo el filósofo Rydn Cräydenn. Y se metió un tiro en la cien.
Era por eso.
lunes, 14 de abril de 2008
Breve entrevista a Antonio Dal Masetto
- A primera vista, hay tres líneas argumentales muy claras en su narrativa: las iniciáticas (Fuego a discreción, Siete de oro, Tres genias en la magnolia, Demasiado cerca desaparece) las relacionadas con la geografía pueblerina (Siempre es difícil volver a casa, Bosque) y las que vuelven atrás con su historia familiar (Oscuramente fuerte es la vida y La tierra incomparable).
- En realidad no he ido de una línea argumental a otra, simplemente porque no existen diferencias sustanciales. Las tres se complementan, se tocan, marchan juntas, las tres me pertenecen por igual. Son diferentes maneras de enfocar el mundo que veo y he visto. Siempre se trata de la misma búsqueda. ¿Cuál es la diferencia entre el mundo de las niñas de “Tres genias en la magnolia” descubriendo la corrupción de los adultos, el de Agata y su vida golpeada por las dificultades y las guerras, o el que condena a esos intrusos de “Siempre es difícil volver a casa”, atrapados en la violencia pueblerina que los destroza con una ferocidad impensada? Las anécdotas difieren, pero en el fondo se está hablando de lo mismo.
-¿Cómo es esa historia de que va amontonando futuros posibles argumentos en una caja de zapatos, hasta que ellos mismos se revelan válidos en un momento?
- Le conté está historia a Osvaldo Soriano y él la registró en uno de sus libros y seguramente su relato es mejor del que yo pueda hacer. Cierta vez, durante mucho tiempo fui tomando apuntes para una idea de una novela. Un par de líneas anotadas en una servilleta de papel en un bar, en hojas sueltas de libreta, un breve diálogo a máquina, una frase en el borde de la hoja de un periódico. Todos esos papelitos iban a parar a un gran cajón que había en mi departamento. Con los meses el cajón se fue llenando. Un día volqué el contenido sobre una mesa y era una montaña. La miré descorazonado y me pregunté si valía la pena intentar ordenar ese material o lo mejor era tirar todo a la basura. Opté por lo primero. Me dije: Por lo pronto, sin duda algunas, una novela se puede dividir en tres partes: comienzo, parte central y parte final, empecemos por ahí. Fui sacando papel por papel y con cada uno resolví si esa anotación podía ir en la primera, segunda o tercera parte. Así que la montaña quedó divida en tres. Todo eso fue a parar a cajas de zapatos que guardé en un armario. Un día saqué lo que correspondía al supuesto comienzo y me hice el mismo razonamiento: Todo comienzo puede dividirse en tres partes: comienzo de comienzo, mitad de comienzo, final de comienzo. Nueva subdivisión. Y así seguí. La cosa terminó con docenas y docenas de pequeños paquetitos marcados con números e inscripciones y por supuesto las cajas de zapatos. Finalmente un día me animé, lo fui abriendo uno por uno y traté de pasar a máquina lo que había ahí adentro y esbozar capítulos. Todavía no tenía computadora. Fue una tarea ardua. En fin, son múltiples y complejos los caminos para escribir una novela. Sin duda éste es uno de los menos recomendables. Sigo trabajando con anotaciones desordenadas, pero cuidándome de volver a caer en semejante trampa.
- Esta es una pregunta que le deben haber hecho muchas veces, incluso yo: ¿qué tanto lo han marcado haber pasado la pubertad y la adolescencia en un pueblo de provincia, qué le dejo él a la hora de recuperarlo en la escritura?
- En cuanto a lo que pudo haberme marcado no es fácil saberlo, no hubo otra alternativa, no hubo posibilidad de comparación. La etapa de pubertad y adolescencia deja su marca única en cualquier parte, pueblo de llanura, montaña, costa marina, ciudad. Son años de descubrimientos, de aprendizajes. La experiencia se hace carne, moldea, y a partir de ahí uno es eso que transitó y por supuesto también muchas cosas más. Así que sin duda aquel pueblo dejó su impronta particular. Hay circunstancias particulares, el que yo viniera a los doce años de otro continente y otro idioma, que haya aprendido el castellano en esas calles, en la biblioteca del pueblo leyendo libros que elegía al azar, los primeros enamoramientos, tantas cosas. El pueblo, bien o mal, me dio las armas para lo que vendría después. Cierta particular visión de la vida, de la gente. Luego, si te toca escribir, esas cosas afloran de alguna manera, porque forman parte de tu carne.
-¿Qué podría decir usted de su propia última novela, Sacrificios en días santos?
- En este libro vuelvo a la geografía pueblerina. Trato de reflejar ciertos personajes y las consecuencias de una generalizada y especial mentalidad. Si algunas de mis novelas se desarrollan en un pueblo es porque me muevo en ese ambiente con cierta comodidad, ahí cada personaje cumple con un rol único e identificable. Aunque esas historias podrían ocurrir perfectamente en una ciudad. Podrían definir una ciudad o un país. Hipocresías, rivalidades, indiferencia y violencia alternadas. Recientemente, un comentarista de libros definió esta novela como una gran misa pascual, una misa plebeya. Creo que es una definición posible.
- En realidad no he ido de una línea argumental a otra, simplemente porque no existen diferencias sustanciales. Las tres se complementan, se tocan, marchan juntas, las tres me pertenecen por igual. Son diferentes maneras de enfocar el mundo que veo y he visto. Siempre se trata de la misma búsqueda. ¿Cuál es la diferencia entre el mundo de las niñas de “Tres genias en la magnolia” descubriendo la corrupción de los adultos, el de Agata y su vida golpeada por las dificultades y las guerras, o el que condena a esos intrusos de “Siempre es difícil volver a casa”, atrapados en la violencia pueblerina que los destroza con una ferocidad impensada? Las anécdotas difieren, pero en el fondo se está hablando de lo mismo.
-¿Cómo es esa historia de que va amontonando futuros posibles argumentos en una caja de zapatos, hasta que ellos mismos se revelan válidos en un momento?
- Le conté está historia a Osvaldo Soriano y él la registró en uno de sus libros y seguramente su relato es mejor del que yo pueda hacer. Cierta vez, durante mucho tiempo fui tomando apuntes para una idea de una novela. Un par de líneas anotadas en una servilleta de papel en un bar, en hojas sueltas de libreta, un breve diálogo a máquina, una frase en el borde de la hoja de un periódico. Todos esos papelitos iban a parar a un gran cajón que había en mi departamento. Con los meses el cajón se fue llenando. Un día volqué el contenido sobre una mesa y era una montaña. La miré descorazonado y me pregunté si valía la pena intentar ordenar ese material o lo mejor era tirar todo a la basura. Opté por lo primero. Me dije: Por lo pronto, sin duda algunas, una novela se puede dividir en tres partes: comienzo, parte central y parte final, empecemos por ahí. Fui sacando papel por papel y con cada uno resolví si esa anotación podía ir en la primera, segunda o tercera parte. Así que la montaña quedó divida en tres. Todo eso fue a parar a cajas de zapatos que guardé en un armario. Un día saqué lo que correspondía al supuesto comienzo y me hice el mismo razonamiento: Todo comienzo puede dividirse en tres partes: comienzo de comienzo, mitad de comienzo, final de comienzo. Nueva subdivisión. Y así seguí. La cosa terminó con docenas y docenas de pequeños paquetitos marcados con números e inscripciones y por supuesto las cajas de zapatos. Finalmente un día me animé, lo fui abriendo uno por uno y traté de pasar a máquina lo que había ahí adentro y esbozar capítulos. Todavía no tenía computadora. Fue una tarea ardua. En fin, son múltiples y complejos los caminos para escribir una novela. Sin duda éste es uno de los menos recomendables. Sigo trabajando con anotaciones desordenadas, pero cuidándome de volver a caer en semejante trampa.
- Esta es una pregunta que le deben haber hecho muchas veces, incluso yo: ¿qué tanto lo han marcado haber pasado la pubertad y la adolescencia en un pueblo de provincia, qué le dejo él a la hora de recuperarlo en la escritura?
- En cuanto a lo que pudo haberme marcado no es fácil saberlo, no hubo otra alternativa, no hubo posibilidad de comparación. La etapa de pubertad y adolescencia deja su marca única en cualquier parte, pueblo de llanura, montaña, costa marina, ciudad. Son años de descubrimientos, de aprendizajes. La experiencia se hace carne, moldea, y a partir de ahí uno es eso que transitó y por supuesto también muchas cosas más. Así que sin duda aquel pueblo dejó su impronta particular. Hay circunstancias particulares, el que yo viniera a los doce años de otro continente y otro idioma, que haya aprendido el castellano en esas calles, en la biblioteca del pueblo leyendo libros que elegía al azar, los primeros enamoramientos, tantas cosas. El pueblo, bien o mal, me dio las armas para lo que vendría después. Cierta particular visión de la vida, de la gente. Luego, si te toca escribir, esas cosas afloran de alguna manera, porque forman parte de tu carne.
-¿Qué podría decir usted de su propia última novela, Sacrificios en días santos?
- En este libro vuelvo a la geografía pueblerina. Trato de reflejar ciertos personajes y las consecuencias de una generalizada y especial mentalidad. Si algunas de mis novelas se desarrollan en un pueblo es porque me muevo en ese ambiente con cierta comodidad, ahí cada personaje cumple con un rol único e identificable. Aunque esas historias podrían ocurrir perfectamente en una ciudad. Podrían definir una ciudad o un país. Hipocresías, rivalidades, indiferencia y violencia alternadas. Recientemente, un comentarista de libros definió esta novela como una gran misa pascual, una misa plebeya. Creo que es una definición posible.
viernes, 11 de abril de 2008
Continúan las Internas en el FreChaFlo
Palabras del Subcomandante FG:
Carta abierta a la alta comandancia del FreChaFlo:
No vamos a contestar calumnias, ni a negociar con una pistola en la cabeza.
Baste de prueba mi palabra y si ella no basta para mis compañeros revolucionarios, entonces el camino de la revolución chatista no es suficientemente ancho para todos. La convicción y la alegría pesquera de este soldado debería ser suficiente prueba, todo lo demás es ilustración alegórica.
Estoy siendo perseguido con este tema desde el mismo momento en que envié el mensaje cifrado notificando tamaña hazaña al alto comando. Me pregunto, no será este -cual émulo del piquete de la abundancia- el piquete de los grandes pescadores (que hace rato no pescan) frente a lo que consideran inaceptable: las alegrías consecutivas -bagre y boga- del pescador sin caña, sin prosapia y sin tradición pesquera.
Señores, renuncio a todos los cargos pero no a la convicción de los principios chatistas según el cual cada hombre y cada mujer en el FreChaFlo es un pescador cuyos relatos de pesca deben ser creídos y valorados. Haciendo frente al piquete de la abstinencia pesqueril de los grandes señores de la caña que hoy ocupan el alto mando del FreChaFlo, me pongo inmediatamente a la cabeza de la insurgente columna anarquista de la Calle Castelli bajo el lema: todos los chatistas somos pescadores, contra la aristocracia de los dueños de las cañas en el movimiento.
FG
Soldado-pescador sin caña
Columna Anarquista de la Calle Castelli
Frente Revolucionario Chato Flores
La revolución es un sueño eterno
* * *
Respuestas del Subcomandante HC:
Queridos compatriotas revolucionarios:
Estas, mis palabras, son pájaros en vuelo, ideas al azar, que no por carecer de carácter discursivo olvidarán sus razones lógicas:
Creo que nadie puede alzar ninguna bandera habiendo sacado dos (2) pescados en dos excursiones, siendo que el Comandante y quien suscribe llevan años de ventaja en cantidades y calidades de piezas obtenidas, embarrándose las botas en el lodo de las orillas, trepándose a las barrancas, sumergiéndose al agua para estar más cerca del objetivo.
El dedo, la palabra acusadora del Subcomandante se alza por estos dos hechos aislados, mientras que el resto de las veces que el fogón nos reclamó, a gatas se cebaba unos mates o atendía un Pochi. La pesca es un acción, una actividad, una ocupación de todos los días, y no un fin de semana santo y salvaje.
Además: pregunto: ¿Cual es el verdadero Subcomandante? ¿El que pide apoyo en el momento en que es necesario consolidar la idea de grupo, o el que plantea situaciones de conflicto, quiebres internos, posturas irreconciliables? ¿Cómo puede sentirse perseguido, después que la caña con la pescó aquel bagre maguayense, fue prestada mismamente por el que suscribe? ¿Quien es este señor? ¿El D’Elia de la pesca? ¿A qué jactarse de no tener caña y despotricar contra los que, día a día, luchan por mantener enteros sus equipos de cosecha ictícola?
El anzuelo no se mancha.
Además: pregunto: ¿Cual es el verdadero Subcomandante? ¿El que pide apoyo en el momento en que es necesario consolidar la idea de grupo, o el que plantea situaciones de conflicto, quiebres internos, posturas irreconciliables? ¿Cómo puede sentirse perseguido, después que la caña con la pescó aquel bagre maguayense, fue prestada mismamente por el que suscribe? ¿Quien es este señor? ¿El D’Elia de la pesca? ¿A qué jactarse de no tener caña y despotricar contra los que, día a día, luchan por mantener enteros sus equipos de cosecha ictícola?
El anzuelo no se mancha.
* * *
Respuestas del Comandante General:
Aló FreChaFlo:
Creo que las pruebas solicitadas no van a ser entregadas. El virus de la mentira del pescador ha roto los lazos fraternales que hacían del movimiento el orgullo nacional de la Península. Nosotros estamos con aquellos que no tienen cañas, con los que pescan ranas en las canaletas, con aquellos que en cada palada no encuentran las lombrices necesaria para el encarne, los que salan las tripas de pollo, los que juntan maíz de la calle para poner en el anzuelo, los que encarnan con cáscara de mandarina.
Ese es nuestro pueblo, nos vienen a decir que somos gente de anzuelo sucio. Y desde aquí les digo: nuestros anzuelos están limpios de mentiras. Siempre que volvemos a nuestras casas y nuestros seres queridos nos esperan con la ilusión de ver que pescamos, debemos decir “nada, no hay un carajo en este río, ni un pique”. Y ahora vienen a decirnos de una boga de dos kilos... Por favor... No es algo fácil de digerir...
No vamos a ser eco de aquellos que nos difaman de ser los dueños de las cañas, aquellos que se dicen llamar soldados sin caña... Les decimos que los perdonamos, que las cañas son de todos y para todos. ¡Vengan, frechaflenses! Habrá pocas lombrices, poca agua en el río, pero la ilusión de sacar El Gran Pez sigue en pie y no se entrega fácilmente. Daremos pelea, caña a caña, lombriz con lombriz, bagre por bagre, boga por boga. Los convoco a todos, pero sin mentiras...
¡A tirar las líneas, camaradas.!
¡Larga Vida al FreChaFlo!
Aló FreChaFlo:
Creo que las pruebas solicitadas no van a ser entregadas. El virus de la mentira del pescador ha roto los lazos fraternales que hacían del movimiento el orgullo nacional de la Península. Nosotros estamos con aquellos que no tienen cañas, con los que pescan ranas en las canaletas, con aquellos que en cada palada no encuentran las lombrices necesaria para el encarne, los que salan las tripas de pollo, los que juntan maíz de la calle para poner en el anzuelo, los que encarnan con cáscara de mandarina.
Ese es nuestro pueblo, nos vienen a decir que somos gente de anzuelo sucio. Y desde aquí les digo: nuestros anzuelos están limpios de mentiras. Siempre que volvemos a nuestras casas y nuestros seres queridos nos esperan con la ilusión de ver que pescamos, debemos decir “nada, no hay un carajo en este río, ni un pique”. Y ahora vienen a decirnos de una boga de dos kilos... Por favor... No es algo fácil de digerir...
No vamos a ser eco de aquellos que nos difaman de ser los dueños de las cañas, aquellos que se dicen llamar soldados sin caña... Les decimos que los perdonamos, que las cañas son de todos y para todos. ¡Vengan, frechaflenses! Habrá pocas lombrices, poca agua en el río, pero la ilusión de sacar El Gran Pez sigue en pie y no se entrega fácilmente. Daremos pelea, caña a caña, lombriz con lombriz, bagre por bagre, boga por boga. Los convoco a todos, pero sin mentiras...
¡A tirar las líneas, camaradas.!
¡Larga Vida al FreChaFlo!
(La imagen extraoficial que abre este pos, a la que tuvimos acceso en exclusiva, es la de la presunta "boga" obtenida en territorio santafesino por el Sucomandante FG)
lunes, 7 de abril de 2008
Diálogos literarios con Fede Go
No deja de llamarme la atención esto tan típico de las tecnologías virtuales - como el chat, el mail o las cargas de los blogs - en que, si uno quiere desandar el camino recorrido con palabras y seguir el orden cronológico de los hechos, debe leer de abajo hacia arriba (en vez de hacerlo a la inversa). Así y todo, este rescate, este diálogo con mi amigo Fede Go nos redime de los tiempos y las distancias y recupera la instantaneidad de las ideas. (Insisto: leer de abajo hacia arriba)
EPG dijo:
Sinceramente, para contestarte, pensé en mucho pero no pensé en nada. Fui del revisionismo de Arlt de los sesenta al boom de esos años y hasta al Tano Dal Masetto (europeo latinizado). En Sarmiento, sobre todo, ya que veníamos de Borges.
Entonces, hablando de esa tríada (Arlt – Borges – Sarmiento, sobre todo la línea de continuidad entre los dos últimos) volví a otro tema que tocamos momentos antes: Piglia. Te transcribo fragmentos de Respiración artificial:
“Borges es un escritor del siglo XIX. El mejor escritor del siglo XIX (...) La primera página de Facundo (abre con) una frase en francés: así empieza (...) la literatura argentina se inicia con una frase en francés (...) El gesto político (está) en el hecho de escribirla en francés”.
Esto sigue. Se habla de citas falsas, apócrifas, de civilización y barbarie. Se habla de europeísmo y de nacionalismo populista. De las dos pesadillas, ¿con cuál te quedás?
PD: Me encantó lo de que “Borges es escandalosamente sincero” y que “ nos muestra los límites de nuestras posibilidades”.
Fede Go dijo:
Borges es escandalosamente sincero. A veces dan ganas de taparle la boca con un parche, solo porque nos muestra los límites de nuestras posibilidad. Tu referente empírico puede que sea acotado, pero es significativo: son los libros de una biblioteca de un pueblo en medio de la pampa, y hasta allí llegaba la impronta europea (y europeizante) en la formación de nuestra cultura nacional (Ojo al piojo, si lo de México se complica o no sale, nos hacemos un estudio socio-cultural de la Tristán Lobos).
Volviendo a Borges, lo jodido, también, es pensar que desde 1920 y hasta mediados de los 60 fuimos un polo de producción cultural, especialmente de lo que hoy llamaríamos el "mundo latino". No hay que pensar solo en la literatura, también en otras formas de la comunicación como el cine. No sé si te acordarás, pero en "Cinema Paradiso", por ejemplo, hay una secuencia donde el pibe cuando vuelve al pueblo ya director de cine encuentra un rollo de película hecho por el viejo, como un gran collage, de "grandes besos del cine" y allí, al mismo tiempo que los grandes films de Hollywood, aparecen besos del cine de oro argentino. Con los libros, lo mismo: España, México y Latinoamérica en general recibiendo las ediciones argentinas y además los hacíamos baratos (fuckin Anagrama, hoy nos manda carísimas la edición bonita de nuestras propias plumas).
Ah, que lindo post en EPG, pero demasiado gallina. Deberías intentar un relato más universal, porque la jugada y la coyuntura agonal donde tuvo lugar, lo amerita.
EPG dijo:
Otra cosa: pienso esto mientras catalogo libros (me acorde de vos un par de veces, pero era muy largo para msj.): de los que veo, hasta la primera década del siglo XX, no se editaban libros (o se editaban pocos) en Argentina: muchos venían de París, Madrid y Barcelona, unos pocos de países anglosajones o de Bélgica. Sé que es muy fragmentaria y arbitraria la cuota de lo que veo, pero no pude evitar recordar esa frase de tu ex-vecino Borges: "No saber francés era ser analfabeto".
Fede Go dijo:
Hay libros tan viejos? No me lo hubiera imaginado de la Tristán Lobos. Seguro encontraste alguna perlita.
Me encantaría lo de San Pedro. Podemos hacerlo antes que se nos vaya el verano del todo, pero debería ser en marzo, porque ya la semana que viene nos vamos para Bahía..
EPG dijo:
Estoy in situ: hago inventario de libros de fines de siglo XIX y principios del XX (aunque pare para sellar, cortar, doblar y ensobrar invitaciones...)
¿Te parece un finde en una isla del Paraná, en San Pedro?
PD: cuando subas a un bondi, atate los libros a la cadera...
Fede Go dijo:
Esperemos que sí, aunque es una constante mía dejar libros en los colectivos. El año pasado perdí dos: uno de un mexicano "El capitalismo histérico" y otro que no me acuerdo. Con el primero putié más.
No problem con el libro, te lo intercambio por "La Biblia..." y es como una renovación del préstamo. Ya tuviste tu primer día en la Biblio? Como anduvo?
EPG dijo:
Esperemos que el tipo que lo encontró en el bondi le haya gustado, no? Ahí tenés un buen argumento para un texto... Y veo que tenemos dinámicas similares: pilas, babeles de libros en la mesa de luz esperando nuestra paciencia, nuestra docilidad, nuestra inspiración...
Mi mujer ama Anagrama (perdón por la rima ocasional), y yo amo mi bolsillo, así que aceptare de buena gana tu préstamo. Es más, si alguna vez oso robártelo, junto con el que he hurtado a mi suegro, tendré las O.C. de Piglia según Anagrama... (Ver El Observatorio Editorial, de – justamente – Don Herralde)
Fede Go dijo:
Hace mucho, mucho empecé a leer Respiración artificial y perdí el libro en un bondi. Iría por la página 30. Cuando juntamos vidas con la Morocha, la mezcla de bibliotecas hizo que tenga un ejemplar en casa, así que voy a seguir el consejo y lo voy a agregar a la pila de libros sobre la mesa de luz. No te compres Prisión perpetua, como todos los libros de Anagrama está demasiado caro. Te presto el mío, hacemos intercambio por "La biblia..."
Ahora estoy por comenzar "El regreso", de Bernhard Schlink. Un alemán, del que también te hablé la otra noche. Justo el sábado salió una entrevista en la Ñ. Después te cuento como me fue.
EPG dijo:
Sí recordaba lo de Piglia. Y también estoy de acuerdo: es pura cabeza, poco corazón; mucha intelectualidad, menor pulsión empírica. A mí sucede eso: es anodino por momentos (aun más anodinos me parecen otros escritores consagrados, pero esos son otros temas) aunque de Piglia me gusta mucho como trata algunos temas (sobre todo en Respiración artificial, te la súper recomiendo) desde la teoría literaria. "Prisión perpetua" estuve a punto de comprarlo la ultima vez que estuve en Baires... Ahora quizás me arrepiento...
Ah: muy buenas las frases. Quizás utilice la segunda como cita para un texto que, si llego con los tiempos, presentaré en esta semana a un concursito
PD: siguiendo con el tema: me olvide de devolverle a la Negra el ejemplar de La Biblia de Neón, que tengo hace un año...
Fede Go dijo:
No sé si te acordarás, pero el otro día te comenté que estaba por empezar a leer un libro de Piglia, recientemente editado. No pudimos ponernos de acuerdo en el título, porque vos me decías uno -"El último lector", efectivamente el último escrito - que a mi no me sonaba. En efecto, no estaba por leer "El último lector", sino "Prisión perpetua", una reciente re-edición de dos historias escritas en 1988. Son interesantes, aunque siempre me pase lo mismo con Piglia. Al final de la lectura, mi sensación es: "mucha erudición, poca pulsión". Disfruto su narración, pero mientras leo nunca puedo olvidarme de la literatura como disciplina y perderme en el relato.
Te comparto dos perlitas que marqué y que, curiosamente, estan casi en la misma página:
"Flaubert. La novela moderna es una novela carcelaria. Narra el fin de la experiencia. Y cuando no hay experiencias el relato avanza hacia la perfección paranoica."
"La lección del maestro. Alguien hace algo que nadie entiende, un acto que excede a la experiencia de todos. Ese acto no dura nada, tiene la cualidad pura de la vida, no es narrativo pero es lo único que tiene sentido narrar."
--------------------------------------------------------------------------------
"El arte es síntoma y respuesta a aquello que los hombres nunca podrán ser aunque nada les impida soñarlo. (No sé: se me acaba de ocurrir)".
EPG dijo:
Sinceramente, para contestarte, pensé en mucho pero no pensé en nada. Fui del revisionismo de Arlt de los sesenta al boom de esos años y hasta al Tano Dal Masetto (europeo latinizado). En Sarmiento, sobre todo, ya que veníamos de Borges.
Entonces, hablando de esa tríada (Arlt – Borges – Sarmiento, sobre todo la línea de continuidad entre los dos últimos) volví a otro tema que tocamos momentos antes: Piglia. Te transcribo fragmentos de Respiración artificial:
“Borges es un escritor del siglo XIX. El mejor escritor del siglo XIX (...) La primera página de Facundo (abre con) una frase en francés: así empieza (...) la literatura argentina se inicia con una frase en francés (...) El gesto político (está) en el hecho de escribirla en francés”.
Esto sigue. Se habla de citas falsas, apócrifas, de civilización y barbarie. Se habla de europeísmo y de nacionalismo populista. De las dos pesadillas, ¿con cuál te quedás?
PD: Me encantó lo de que “Borges es escandalosamente sincero” y que “ nos muestra los límites de nuestras posibilidades”.
Fede Go dijo:
Borges es escandalosamente sincero. A veces dan ganas de taparle la boca con un parche, solo porque nos muestra los límites de nuestras posibilidad. Tu referente empírico puede que sea acotado, pero es significativo: son los libros de una biblioteca de un pueblo en medio de la pampa, y hasta allí llegaba la impronta europea (y europeizante) en la formación de nuestra cultura nacional (Ojo al piojo, si lo de México se complica o no sale, nos hacemos un estudio socio-cultural de la Tristán Lobos).
Volviendo a Borges, lo jodido, también, es pensar que desde 1920 y hasta mediados de los 60 fuimos un polo de producción cultural, especialmente de lo que hoy llamaríamos el "mundo latino". No hay que pensar solo en la literatura, también en otras formas de la comunicación como el cine. No sé si te acordarás, pero en "Cinema Paradiso", por ejemplo, hay una secuencia donde el pibe cuando vuelve al pueblo ya director de cine encuentra un rollo de película hecho por el viejo, como un gran collage, de "grandes besos del cine" y allí, al mismo tiempo que los grandes films de Hollywood, aparecen besos del cine de oro argentino. Con los libros, lo mismo: España, México y Latinoamérica en general recibiendo las ediciones argentinas y además los hacíamos baratos (fuckin Anagrama, hoy nos manda carísimas la edición bonita de nuestras propias plumas).
Ah, que lindo post en EPG, pero demasiado gallina. Deberías intentar un relato más universal, porque la jugada y la coyuntura agonal donde tuvo lugar, lo amerita.
EPG dijo:
Otra cosa: pienso esto mientras catalogo libros (me acorde de vos un par de veces, pero era muy largo para msj.): de los que veo, hasta la primera década del siglo XX, no se editaban libros (o se editaban pocos) en Argentina: muchos venían de París, Madrid y Barcelona, unos pocos de países anglosajones o de Bélgica. Sé que es muy fragmentaria y arbitraria la cuota de lo que veo, pero no pude evitar recordar esa frase de tu ex-vecino Borges: "No saber francés era ser analfabeto".
Fede Go dijo:
Hay libros tan viejos? No me lo hubiera imaginado de la Tristán Lobos. Seguro encontraste alguna perlita.
Me encantaría lo de San Pedro. Podemos hacerlo antes que se nos vaya el verano del todo, pero debería ser en marzo, porque ya la semana que viene nos vamos para Bahía..
EPG dijo:
Estoy in situ: hago inventario de libros de fines de siglo XIX y principios del XX (aunque pare para sellar, cortar, doblar y ensobrar invitaciones...)
¿Te parece un finde en una isla del Paraná, en San Pedro?
PD: cuando subas a un bondi, atate los libros a la cadera...
Fede Go dijo:
Esperemos que sí, aunque es una constante mía dejar libros en los colectivos. El año pasado perdí dos: uno de un mexicano "El capitalismo histérico" y otro que no me acuerdo. Con el primero putié más.
No problem con el libro, te lo intercambio por "La Biblia..." y es como una renovación del préstamo. Ya tuviste tu primer día en la Biblio? Como anduvo?
EPG dijo:
Esperemos que el tipo que lo encontró en el bondi le haya gustado, no? Ahí tenés un buen argumento para un texto... Y veo que tenemos dinámicas similares: pilas, babeles de libros en la mesa de luz esperando nuestra paciencia, nuestra docilidad, nuestra inspiración...
Mi mujer ama Anagrama (perdón por la rima ocasional), y yo amo mi bolsillo, así que aceptare de buena gana tu préstamo. Es más, si alguna vez oso robártelo, junto con el que he hurtado a mi suegro, tendré las O.C. de Piglia según Anagrama... (Ver El Observatorio Editorial, de – justamente – Don Herralde)
Fede Go dijo:
Hace mucho, mucho empecé a leer Respiración artificial y perdí el libro en un bondi. Iría por la página 30. Cuando juntamos vidas con la Morocha, la mezcla de bibliotecas hizo que tenga un ejemplar en casa, así que voy a seguir el consejo y lo voy a agregar a la pila de libros sobre la mesa de luz. No te compres Prisión perpetua, como todos los libros de Anagrama está demasiado caro. Te presto el mío, hacemos intercambio por "La biblia..."
Ahora estoy por comenzar "El regreso", de Bernhard Schlink. Un alemán, del que también te hablé la otra noche. Justo el sábado salió una entrevista en la Ñ. Después te cuento como me fue.
EPG dijo:
Sí recordaba lo de Piglia. Y también estoy de acuerdo: es pura cabeza, poco corazón; mucha intelectualidad, menor pulsión empírica. A mí sucede eso: es anodino por momentos (aun más anodinos me parecen otros escritores consagrados, pero esos son otros temas) aunque de Piglia me gusta mucho como trata algunos temas (sobre todo en Respiración artificial, te la súper recomiendo) desde la teoría literaria. "Prisión perpetua" estuve a punto de comprarlo la ultima vez que estuve en Baires... Ahora quizás me arrepiento...
Ah: muy buenas las frases. Quizás utilice la segunda como cita para un texto que, si llego con los tiempos, presentaré en esta semana a un concursito
PD: siguiendo con el tema: me olvide de devolverle a la Negra el ejemplar de La Biblia de Neón, que tengo hace un año...
Fede Go dijo:
No sé si te acordarás, pero el otro día te comenté que estaba por empezar a leer un libro de Piglia, recientemente editado. No pudimos ponernos de acuerdo en el título, porque vos me decías uno -"El último lector", efectivamente el último escrito - que a mi no me sonaba. En efecto, no estaba por leer "El último lector", sino "Prisión perpetua", una reciente re-edición de dos historias escritas en 1988. Son interesantes, aunque siempre me pase lo mismo con Piglia. Al final de la lectura, mi sensación es: "mucha erudición, poca pulsión". Disfruto su narración, pero mientras leo nunca puedo olvidarme de la literatura como disciplina y perderme en el relato.
Te comparto dos perlitas que marqué y que, curiosamente, estan casi en la misma página:
"Flaubert. La novela moderna es una novela carcelaria. Narra el fin de la experiencia. Y cuando no hay experiencias el relato avanza hacia la perfección paranoica."
"La lección del maestro. Alguien hace algo que nadie entiende, un acto que excede a la experiencia de todos. Ese acto no dura nada, tiene la cualidad pura de la vida, no es narrativo pero es lo único que tiene sentido narrar."
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"El arte es síntoma y respuesta a aquello que los hombres nunca podrán ser aunque nada les impida soñarlo. (No sé: se me acaba de ocurrir)".
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